Ciudad Rodrigo al día

¿Qué es una madre?

Es sonrisa, también lágrimas, carcajadas y llantos. Es mirar inteligente, profundo, brillante. Es coherencia y respeto, amor, apoyo y principios

Intentar explicar el término “madre” es algo que no se puede conseguir por medio de las palabras. Aun así, a sabiendas de que no voy a lograrlo, me gustaría exponer qué significa mi madre para mí.

Ella es felicidad, amor, ganas de levantarme por las mañanas. Es medio y fin, mi amiga, también esa hermana que nunca tuve y mi ángel de la guarda. Mi maestra, mi consejera, mi referente. Meta y objetivo, camino y baches, subidas, bajadas, derrapes…

Es sonrisa, también lágrimas, carcajadas y llantos. Es mirar inteligente, profundo, brillante. Es coherencia y respeto, amor, apoyo y principios. Todo eso es ella, pero es solo el inicio, hay más.

Es lealtad, honor y valentía, también orgullo, fiereza y gallardía. En ocasiones rígida, cortante, fría. También exigente, ambiciosa y diligente, pero todo con un propósito, sin maldad, sin mala sangre, con un cariño austero, sin peros, entero. Mi madre es propósito, planes, viajes y sueños. Es mochila y bastón de caminante, un pilar fundamental en cualquier recorrido de mi vida, mi guía, mi guante.

No es orgullosa, aunque sí un poco terca. Cabezota con sus ideas, no se rinde hasta que está todo perdido y, aun así, sigue luchando por revertir la situación. Es trabajadora incesante, currante hasta la saciedad. Peca de llevarse el trabajo a casa y de querer arreglar el mundo… ¡Bendito pecado el suyo!

Mi madre… ¡cuántas cosas podría decir de ella y todas serían igual de ciertas! Pero hoy, si me permitís, prefiero quedarme con una sola, quizá no la más importante, pero quiero reflejarlo.


Hace meses convivió con el bicho. Sí, el puto bicho. Ella, junto con mi padre, fueron dos de los millones de personas afectados de forma directa por esta pandemia. Pudieron, eso es lo importante. Durante estos dos últimos años he pasado mucho tiempo separado de ellos, de ella. Muchos meses sin poder besarla o abrazarla, teniendo que contentarme con ver su cara completa a través de una pantalla de teléfono. ¡Qué duro todo y qué suerte también! ¡Qué bien saben ahora los ratos a su lado y qué sensación más bonita la de poder tocar su rostro! De nuevo ella, como un sueño hecho realidad después de una pesadilla que parecía que nunca iba a terminar.

¿Habéis leído todo? ¿Habéis atendido a cada descripción? Pues olvidadlo, porque mi madre es mucho más. Es inefable, algo que ni puedo ni quiero contar. Es tesoro, un secreto, mi media mitad.

Hoy quiero tener un recuerdo muy sentido para todas aquellas personas que hayan perdido a sus madres durante esta pandemia. También para ellas, para las heroínas que nos dejaron tristemente y de la forma más injusta posible. Para todos, para todas, lo siento con todo mi ser.

Termino ya dándome cuenta de que no he sabido responder la pregunta inicial. Después de decenas de renglones, cientos de palabras y miles de ideas, sigo sin poder definir lo que es mi madre, en particular, y supongo que también las vuestras. Por ende, no digo lo que es, sino lo que debería de ser con esta frase final.

Lo único que sé de las madres es que deberían ser para siempre.

¡FELIZ DÍA PARA TODAS!

Nos leemos por aquí el próximo domingo o, hasta entonces, en Instagram (@rubenjuy) y en Facebook (Rubén Juy).