¿Huyendo hacia el oasis de libertad madrileño?

Pues aquí estamos un año más con la evolución de la población, en la provincia de Salamanca sin variaciones con respecto a la tendencia habitual. Estos días se han ocupado medios de comunicación de datos a 1 de enero de 2021. Fecha en la que todos los años el Instituto Nacional de Estadística los revisa, y a final de año convierte en oficiales. Si bien la capital, a falta de recoger todavía posibles consecuencias de la pandemia, parece ralentizar su ritmo de pérdida de población, la provincia acelera.

Desde luego los datos abruman, y no se atisba en el horizonte un posible cambio de signo. Al menos ya no discuten algunos, eternos y omniscientes ocupantes del poder, esa realidad en Castilla y León. Claro que, como afecta más al oeste de la región, hay quien ondea un nacionalismo localista agraviado como si ellos, de tener la ocasión, hubieran hecho algo distinto. A lo mejor, y a la vista de los fracasos de los últimos tiempos, como la Agenda para la Población, se lo terminan tomando en serio. Y la ocasión no puede ser más oportuna.

La novedad quizás esté en una ¿creciente? movilización ciudadana exigiendo un cambio decidido a esta situación. Conseguir una verdadera política de Estado para intervenir este más decisivamente en el territorio, superando la eterna y aislada obsesión por las infraestructuras. De haber tomado medidas serias hace tiempo probablemente la crisis no habría llegado tan lejos. Más apoyada en una verdadera implicación de la sociedad en las políticas territoriales y de desarrollo, básico y elemental en democracia.

Eso no obvia la responsabilidad de Administraciones más cercanas, en especial las Comunidades Autónomas, pero también Diputaciones y Ayuntamientos. La Junta de Castilla y León ha perdido demasiados años obviando el problema, y las otras dan la sensación de no sentirse concernidos realmente. Las Diputaciones, administración redundante e innecesaria, podrían haber tenido aquí espacio para convocar, movilizar y aportar a ese cambio. Claro que ejemplos salmantinos como la gestión del “Camino de Hierro” quizás expliquen esa inutilidad. Y las decisiones ciudadanas de apoyo irreductible a proyectos políticos fracasados una y otra vez, no parecen haber sido las más oportunas.

Luego están inventos como el Consejo del Dialogo Social del Ayuntamiento de la capital, donde hubo tortas para impedir la mayor participación posible de la sociedad salmantina. Sigue sorprendiendo la falta de comprensión evidenciada por el Partido Popular sobre la necesidad de implicar a toda la sociedad para construir su propio futuro, aunque parece ser su forma excluyente de apropiarse del poder. Pero no fueron los únicos, asombra más la oposición de otros, pareciendo más importante una miserable foto frente al futuro de la gente.

¿De ahí han surgido los proyectos presentados por el Consistorio a la convocatoria de fondos europeos para la recuperación?; exhibidos públicamente con su habitual gracejo por el Concejal de Hacienda. En parte pueden estar en el camino correcto, pero no sabemos si de verdad son iniciativas novedosas para impulsar y consolidar la economía. Mantengamos al menos la esperanza en los anuncios privados o de otras administraciones de ideas nuevas a la espera de su consolidación. No estaría de más poder empujar todos a través de adecuados canales de aportación de iniciativas. Quizás no queden muchas oportunidades.