Feria de abril y Rosa de abril

El santuario de la “moreneta” se encuentra enclavado en la montaña de Montserrat

El mes de abril está lleno de acontecimientos. Quizá, por eso de ser primavera, sea un mes que se anuncia cargado de frutos que van a llegar en el verano subsiguiente.

El primer aspecto que quisiera resaltar hoy, porque, aunque sea propio de Sevilla, está tan difundido que parece propio de toda España, es el de la llamada Feria de Abril, que sugiere canto, baile, alegría, trajes de sevillana, caballos abundantes y atractivos, casetas de feria, dulces y pescaítos, y sabrosos y estimulantes “mojitos”.

Celebran la fiesta los sevillanos en la segunda semana de Pascua y, aunque no tiene propiamente sentido religioso, se la podría considerar cargada del espíritu alegre y vital de las celebraciones pascuales.

La feria surgió como feria ganadera a mediados del siglo XIX, nada menos que con un decreto de la Reina Isabel II, y se celebró por primera vez en el Prado de San Sebastián, contando con 19 casetas, y supuso un gran éxito de público. Ya en 1850 se expidieron licencias para decenas de puestos que servirían de tabernas y quioscos de aperitivos. En 1858 la feria contaba ya con 119 casetas.

Así la Feria de Sevilla pasó pronto de ser un mercado exclusivamente ganadero a ser  predominantemente un acontecimiento festivo. En 1859 la feria destinaba ya más espacio a la fiesta que al mercado. A partir de comienzos del siglo XX la feria pasó a centrarse en el festejo.​ Entre 1947 y 1956 la feria pasó a ser un festejo sin componente mercantil.

A partir de 1921 comenzó a instalarse anualmente una portada de entrada a la feria. En 1949 se colocó la primera portada de gran envergadura. Desde entonces, ha sido una costumbre realizar una gran portada con diversos temas que es iluminada con multitud de luces por la noche.

En 1973 el recinto ferial se trasladó a una parcela de 64.000 metros cuadrados del barrio de Los Remedios. Este traslado posibilitó pasar de medio centenar de casetas a 630. En la actualidad, el terreno ha sido ampliado hasta los 275.000 metros cuadrados y alberga más de mil casetas. Los sevillanos y sevillanas pueden estar satisfechos de su gran Feria de Sevilla.

El otro acontecimiento que quisiera resaltar es el de la Rosa de Montserrat, cuya fiesta se celebra el día 27 de abril. Es la fiesta de la “moreneta”, de la que se sienten devotos todos los catalanes.

El santuario de la “moreneta” se encuentra enclavado en la montaña de Montserrat, un acantilado relevante, desde el que se domina buena parte de las tierras catalanas. Se encuentra a unos 50 kilómetros de la ciudad de Barcelona, por lo cual es relativamente fácil acceder al santuario-monasterio de padres benedictinos porque, además, cuenta con medios públicos que facilitan el acceso.

El santuario-monasterio, y más en concreto la Virgen que en él se venera, goza de larga y fervorosa tradición popular, aunque también es reconocida por parte de las autoridades del más alto relieve. Los devotos acuden constantemente a hacer sus ofrendas a la Virgen y a solicitarle sus favores.

Actualmente el santuario y su entorno gozan de una amplia tradición turística, tanto de nacionales como de extranjeros.

Aparte de unas cuidadas celebraciones litúrgicas, cuenta con el atractivo de un arte notable, y es famosa la actuación de una coral infantil que hace una magnífica demostración de su buen hacer. Es famoso el canto o himno a la Virgen Morena que los niños de coro interpretan generalmente al final de las diversas celebraciones. Es el himno llamado “virolai” y que en traducción y adaptación castellana dice así: “Rosa de abril, morena de la sierra que estáis en Montserrat, con vuestra luz los hijos de esta tierra al cielo encaminad”.

Aunque no creo que tenga nada que ver una cosa con la otra, está próxima en el tiempo la fiesta de San Jorge, en la que ha cuajado la costumbre, que está bien arraigada, de regalar las mujeres a los varones un libro, y los varones a las mujeres una rosa. Otra vez la “rosa de abril”.