Felicidad o bienestar personal

La semana pasada escribía que el bienestar subjetivo (personal) es, en primer lugar, responsabilidad  de uno mismo. Y que el bienestar  solo puede lograrse con los demás.

¿Y si he  de ser responsable, cómo tomar decisiones apropiadas?

El segundo paso hacia el bienestar es conocerse y aceptarse.

¿Qué papel han jugado en mi vida los familiares, las amistades, y todas las personas  que han influido en mí? Ellas han intentado guiarme ¿Lo hicieron con acierto y me ayudaron a tomar decisión apropiadas? ¿Cuál fue mi rol en las decisiones que finalmente tomaron por mi  o tome yo mismo?

¿Qué sucesos vitales (en salud, formación, trabajo, relaciones,  etc.)  han sido los más importantes en mi vida?

Reconocer los sufrimientos y fracasos, si es el caso, producidos por personas o los sucesos vitales  es importante. Aprender de ellos,  lo es aún más.

Esta valoración de la propia biografía debe ser realista, aunque sea dolorosa; y también  saber reconocer todo lo bueno que nos ha ocurrido.

Hacer un listado reflexionado de las cosas positivas que nos ha pasado en la vida y  de los logros conseguidos,  de las personas que nos han querido, etc.,  es  un buen  apoyo a la autoestima. Sin aceptación y autoestima no hay bienestar personal.

Tengo que poder decirme : “aquí estoy yo,  me acepto y valoro, estoy dispuesto a vivir mejor, cuidarme mejor, gozar más de lo bueno que la vida puede darme, estar bien con los demás, amar y ser amado”

Entre los errores que más dañan la autoestima están los siguientes:

La tendencia a ver y analizar las cosas de forma pesimista o abiertamente negativa. Las personas con baja autoestima suelen razonar con distorsiones cognitivas. Por ejemplo, con generalizaciones (haciendo de una cosa supuestamente negativa una generalización: “tengo sobre peso, luego soy fea”), filtrado negativo (solo tomo en  cuenta mis errores, las malas noticias, lo que me sale mal), autoatribución  injustificada de la culpa ( si voy yo todo saldrá mal, soy un  gafe), etc.

La tendencia a  compararse  con los demás, tomando además como referencia a las personas que les va bien  e incluso envidian.  Olvidan que somos únicos y diversos, que cada cuan deber ser sí  mismo.

La tendencia a proponerse metas no realistas, por un análisis muy errado de sus posibilidades, falta de disciplina o estrategias eficaces

La tendencia a la minusvaloración y a considerarse poco valiosas, con baja autoeficacia;  y a pensar  que nada pueden hacer para que les vaya mejor la vida. Estas personas son fatalistas en lugar de asumir el control de todas aquellas situaciones  que puedan gestionar para cambiarlas en favor del bienestar.

La tendencia a afrontar los problemas de manera errónea. Hay tres formas fundamentales de afrontamiento: a) sentirse ansioso y paralizad, llorando sus desgracias, b) negar los problemas, dejar que  se pudran y c) reconocerlos, analizarlos y afrontarlos por sí mismo o con ayuda de los demás, si les sobrepasan.

Todo el tiempo que dedique usted a reflexionar, analizar, decidir y llevar a cabo mejoras en su vida y en la de los demás, empezando por los más cercanos, le hará sentirse mejor persona y ciudadano, que es lo que finalmente nos acerca al bienestar.

Ser responsable consigo mismo y con los demás,  conocerse, reconciliarse con el, pasado, cambiar lo que mejore sus bienestar y el de los demás, y aceptar estoicamente lo que no  se puede mejorar. En todo caso, ser siempre uno mismo.