Carta a Francisco Brines

Hilvanar unas líneas brillantes para un poeta de su talla es algo tan difícil que ni siquiera voy a intentarlo. ¿Qué puedo escribir yo de quien tanto ha escrito y tan bien lo ha hecho? Me limitaré pues a darle la enhorabuena por su recién estrenado Premio Cervantes. De su obra literaria no hace falta que hable yo, hablan sus libros y sus premios. Solo decir que para celebrarlo abriré de nuevo las páginas de mi título favorito: El otoño de las rosas.

Lo más triste es que por segunda vez en la historia del premio  ha tenido que ser suspendida la ceremonia de la entrega del mismo y no ha podido recogerlo en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares de manos del rey como de costumbre. El año pasado lo impidió el estado de alarma decretado por la pandemia del coronavirus y este año lo han impedido su avanzada edad y su delicada salud. Lo siento. La espléndida ceremonia forma parte del galardón y desgraciadamente no ha podido disfrutarla.

Pero si el año pasado los reyes Felipe y Leticia se desplazaron al domicilio del galardonado unos meses después para entregarle el premio personalmente, estoy segura de que en esta ocasión harán lo mismo, salvo, y es lo que le deseo, que usted se recupere y pueda desplazarse a recogerlo en un acto extraordinario que el ministro de cultura anunciará a su debido tiempo.

Se haga como se haga, lo realmente importante es que ya es usted Premio Cervantes, el galardón más importante de las letras españolas, por lo que hoy, en nombre de todos los defensores de la poesía, hilvano estas sencillas líneas para darle la enhorabuena y las gracias por ese importante legado que todos heredaremos.