El horizonte de Cervantes 

Lo que España ha aportado a la modernidad nace con Cervantes. Es Cervantes quien mejor lo encarna. Su visión del ser humano y del mundo es amplia, comprensiva, abarcadora. Nada de lo humano le es ajeno. Y ahí es donde se funda la mirada moderna sobre el ser humano y sobre el mundo.

Y de esa capacidad cervantina comprensiva y abarcadora tenemos mucho que aprender, en un presente marcado por las mentiras gruesas, por los intereses estrechos, por las negaciones de lo otro y de los otros. No se puede ultrajar a quienes han de estar en las colas del hambre, porque son víctimas, no subvencionados de nada. No se pueden echar mentiras sobre esos muchachos no acompañados, porque son víctimas, no verdugos de nada.

La actitud cervantina es la de quienes ayudan a los más indefensos, a las víctimas de todo lo que somos, una sociedad materialista y marcada por los egoísmos estrechos. La actitud cervantina está en las organizaciones no gubernamentales, de todo tipo, que rescatan náufragos, que ayudan a paliar el hambre.

Cada 23 de abril, celebramos –es verdad– la fiesta del libro, porque es el día en que falleció Miguel de Cervantes. Y deberíamos celebrar y tener más en cuenta a este fundador de nuestra modernidad, el más emblemático de todos.

Porque la novela, como género moderno, nace en España. Y su pórtico fundacional se sostiene, en uno de sus pilares, en ‘El Lazarillo de Tormes’ y toda la novela picaresca y, en el otro, en toda la narrativa de Cervantes, especialmente en ‘El Quijote’.

Pero después esa antorcha del arte de narrar –como gran género literario moderno que es– dejamos de cultivarla nosotros e Inglaterra, en el siglo XVIII, se aprovecha de ella y nos toma el testigo; en un siglo en el que no narramos (si exceptuamos el ‘Fray Gerundio’ del P. Isla).

Y el género narrativo, ya en el siglo XIX, se abre como un abanico a través de la novela realista, cultivada en toda Europa –Portugal (Eça de Queiroz…), nuestro país (Galdós, Clarín y los demás), Francia (Balzac, Stendhal, Flaubert), Inglaterra (Dickens), Rusia (Dostoievski, Tolstoi)–, para plasmar una sociedad que, de modo convulso y a través de no pocas contradicciones, entra en la contemporaneidad.

Miguel de Cervantes está en el origen. Una de las raíces del movimiento moderno parte del Quijote, de esa mirada amplia, abarcadora, comprensiva de todo lo que es el ser humano; de esa búsqueda –aparentemente marcada por la locura– de la fraternidad, del ideal, de ir en pos de una nueva edad de oro que Don Quijote ‘predica’ en Sierra Morena ante unos cabreros, ante esos pobres pastores de ganados de que hablara nuestro gran Jorge Manrique.

Ah, si abrazáramos el horizonte de Cervantes, la perspectiva de Cervantes, y no nos dedicáramos a las mentiras gruesas como agresión al ser humano, sino que comprendiéramos lo importante que es el entendernos, el dialogar, el abrazar la perspectiva de los otros.

Lo tenemos ahí. Está en el hermoso legado que Miguel de Cervantes, nuestro compatriota, nos dejara a todos y para todos.