Humano, más humano

“Lo que siempre hemos sabido y raramente hemos creído: que la acumulación de conocimientos no constituye la sabiduría.”

ALBERTO MANGUEL

 

“La lectura de un buen libro es un diálogo incesante en que el libro habla y el alma contesta.”

ANDRÉ MAUROIS

El amor a la cultura, a la lectura y al libro, es una de las formas más hermosas de crecimiento interior. Leer no es acumular datos, sino interpretar la realidad e imaginar todos aquellos mundos posibles que nos puedan interpelar y dar sentido a nuestra existencia. Los libros contribuyen a unir a la humanidad en una sola familia, compartiendo un pasado, una historia y un patrimonio, para forjar un destino común donde todas las voces puedan ser escuchadas en el gran coro de las aspiraciones humanas.

La globalización viene de lejos, entendiéndola no solo como una ampliación de mercados, sino como una extensión y universalización de la cultura, acompañada por mejoras en la difusión, almacenamiento y estudio de los textos. Si el universo cultural se concentró en un junco en la antigüedad, el papiro recolectó el saber en las bibliotecas alejandrinas, después llegó el pergamino, el papel, el códice la imprenta, sembrando de humanismo toda Europa. Por último, hechizados por las nuevas máquinas y la era digital, el libro de papel pasa por nuevos momentos y profundos cambios, navegará a la deriva a merced de las olas y los vientos abriendo nuevos espacios para el soporte digital.

Cada 23 de abril, es un momento simbólico para el libro y la literatura mundial, en ese día en 1616 fallecieron Miguel de Cervantes, William Shakespeare y Garcilaso de la Vega. La fecha coincide, además, con el nacimiento o la muerte de otros autores prominentes como Maurice Druon, Haldor K. Laxness, Vladimir Nabokov, Josep Pla y Manuel Mejía Vallejo. Desde hace años se celebra El Día Mundial del Libro, en este año del COVID, los libros han sido las ventanas del mundo, cuando muchas escuelas han estado cerradas y muchos niños, jóvenes y adultos han tenido que pasar muchas horas en sus casas. Este día lo celebran millones de personas de más de cien países, reunidas en centenares de asociaciones, escuelas, organismos públicos, colegios profesionales y empresas privadas. Quisiéramos nosotros, desde estas humildes páginas contribuir a fomentar el amor a los libros y a la lectura, ese mundo abreviado donde la palabra es una metáfora del hombre y el libro su morada.

Con la lengua materna nos llegan conocimientos, ideas, fantasías, que nos incorporan a una comunidad y a una cultura. La lengua nos permite construir la conciencia de lo que somos y lo que nos rodea, ordenar y aprovechar las experiencias, plantearnos preguntas, expresarnos y comunicarnos. Todo esto lo hacemos por medio de cuatro capacidades básicas: escuchar, hablar, leer y escribir.  La lectura y la escritura, son caras de la misma moneda, con ellas desarrollamos la memoria, la capacidad de escuchar, hablar, de acumular y transmitir experiencias y conocimientos. La escritura inauguró una nueva forma de estar y ser en el mundo, edificando la cultura a partir de la palabra escrita, una construcción social, que solo tiene unos cinco mil años, tan reciente, que aun no ha llegado a todos los pueblos.

Lo importante de los libros no es solo leer, sino pensar y sentir. La vida no solo se encuentra en los libros, aunque muchos de ellos rebosen vida, la vida es más que el mundo interior. Somos seres contextuales más que textuales, los primeros textos, allá en Sumer, en Egipto, en Fenicia, son adaptaciones de una cultura oral. Por eso leer, es también diálogo, conversación, con los libros hablamos hablándonos. Los que amamos la lectura vemos muchos mundos en este mundo y es una oportunidad para transcender y liberarnos de muchas esclavitudes de la vida, pudiendo imaginar posibles modos de habitar el mundo.

La lectura es, sobre todo, el punto de encuentro de las libertades humanas, entre las que destacan la libertad de expresión y la libertad de edición. La lectura y la escritura hacen habitable el espíritu, en ellas nos apoyamos para transcender nuestras realidades, nuestro propio yo, y superar de alguna manera el tiempo vivido. La escritura no solo se reduce al pensamiento, también a la capacidad de asombro, la curiosidad, el amor a las preguntas y al sentido de la existencia, va más allá de lo evidente. La escritura nos lleva a la memoria, es un alegato contra el olvido que nos ayuda a desvelar ese angustioso dilema entre el ser y no ser.

Quisiera recomendar un libro en el que ahora estoy inmerso: Humano, más humano de Josep Maria Esquirol. Siendo conscientes que toda elección es subjetiva, es una auténtica aventura. Ya que leer de alguna manera, es leerse a sí mismo, son interpretaciones que construimos sobre nosotros mismos. Si un libro acierta al escribir sobre la capacidad humana, las personas se reconocen en él. La medida de la lectura, no son la cantidad de libros leídos, sino como se piensa, como se camina, como se actúa después de haber leído. Un buen libro puede ser una experiencia única, es el mejor medio contra la anestesia vital y poder habitar una realidad. Sabiendo que la experiencia es la puerta de entrada a cualquier pensamiento de largo recorrido.

Josep Maria Esquirol, nos presenta un ensayo en diálogo con Nietzsche, sobre la humanidad y la herida infinita que es el ser humano. Hemos llegado muy lejos en la técnica, pero en estos momentos de desorientación, la comprensión del ser humano, nunca ha sido tan escasa. Es necesario la búsqueda de lo esencial, y es en la debilidad, en lo humano, en la vulnerabilidad... en este demasiado que, en verdad, es un más, late el pulso de la verdad.

El autor aborda los contenidos con las grandes preguntas esenciales, pero desde la cotidianidad y la proximidad, donde la herida y la infinidad que constituye a las personas está originada por cuatro infinitudes esenciales: la muerte, la vida, el 'tu' y el mundo. El horizonte de sentido no es ir más allá de lo humano, sino llegar a ser más humanos. Donde la profundidad de lo humano reside en el sufrimiento: por todo y por todos, y cuando más vivamente vibra no es por el eterno retorno, sino por el reencuentro.

Propone una filosofía no solo a martillazos, sino constructiva; sin lujos, con la palabra justa y llena de silencios; paciente, ya que la reflexión pide tiempo; una filosofía no academicista, sino pobre, que sabe que poco es mucho y al servicio del actuar y el orientarse, que sea gesto y acción. El autor propone una filosofía de la proximidad, heredera del socratismo y postulante franciscana, una filosofía del nosotros. Un pensamiento humilde, cuya aspiración es vivir juntos en la fraternidad, con pan y canto o, lo que viene a ser lo mismo, con casa y ventana abierta al cielo.