Entrevista a un salmantino sobre su ciudad

La entrevista de la que doy cuenta, a continuación, es una entrevista mitad ficticia o mitad real. Las preguntas no las formula un entrevistador, sino han sido las preguntas que se me han hecho durante los seis últimos años por parte de amigos y conocidos.

El entrevistado soy el autor del artículo, respondiendo a las mismas con total sinceridad y respeto a mi ciudad y a mis conciudadanos. Mi peculiaridad de entrevistado radica en el hecho de que pasé mi infancia y juventud en Salamanca, después me ausenté largos años y he vuelto a ella con mi jubilación, hace seis años.

Empecemos por las preguntas más generales, que, a pesar de tópicas, siguen siendo ricas en comunicación:

Pregunta: ¿Qué es lo que más le gusta, valora, alaba de esta, su ciudad?

Respuesta: Lo que más placentero me resulta de ella es su río y sus orillas. Las vistas sobre la ciudad desde su margen izquierdo me parecen magníficas y sobre todo con las luces de muchos atardeceres luminosos. Asocio estas vistas con los visitantes que llegaban a Salamanca desde siglos pasados,  en tiempos de Lazarillo de Tormes o La Celestina; tendrían la impresión de llegar al centro cultural de España.

Pregunta: ¿Y lo que más le gusta de su población, de los salmantinos?

Respuesta: Lo que más me gusta es su prudencia general ante la vida, ante los desconocidos, su sobriedad expresiva.

Pregunta: ¿Y lo que menos soporta de la ciudad y sus habitantes?

Respuesta: La falta de amor a su propia ciudad y a la naturaleza. Creo que por una parte muchos salmantinos están poseídos de un cierto narcisismo arcaico, sobrevalorando todo lo monumental que sobrevive en ella de siglos pasados y por otra no  cuidan  suficiente su belleza, su fragilidad: la falta de limpieza ( de muchos ciudadanos, a pesar de tener buenos equipos municipales de limpieza), el excesivo ruido de la mayoría de sus calles, su hablar a gritos ( incluso con mascarilla puesta en estos tiempos de pandemia) , no se corresponde con la imagen de ciudad culta que posee un  rico pasado histórico.

Pregunta: ¿Y de sus instituciones, Ayuntamiento, Diputación, Fundaciones, Universidad… qué es lo que valora y lo que rechaza?

Respuesta: No las conozco lo suficiente para expresar un juicio objetivo. Pero mis impresiones de ciudadano  son ambivalentes: por ejemplo, creo que el Ayuntamiento es eficaz en general en cuanto a conservación del patrimonio antiguo, pero como innovador suele ser mediocre o negativo; cuando acomete nuevos proyectos, éstos con frecuencia son demasiado pomposos, poco útiles y excesivamente caros: lo que se está haciendo en el Cerro de San Vicente, el modo cómo han organizado los huertos individuales a orillas del Tormes, la destrucción de edificios de útil arquitectura, como el Hotel Monterrey, el Edificio España y no digamos su proyecto de destruir el Hospital clínico o inutilizar el Virgen de la Vega, me parece que está fuera de la sostenibilidad y ecologismo que exige nuestro tiempo y Europa en su conjunto.

De la Diputación solo conozco su exiguo papel en pequeños proyectos de la provincia, que no enriquecen demasiado, de la Fundación Ciudad de Cultura espero que renazca después de la etapa de la pandemia y de la Universidad salmantina solo conozco, y no a fondo, mi antigua facultad, a la que encuentro mortecina, esclerosada en cuanto a teorías científicas y cara para la población estudiantil. Sé que algunas Facultades funcionan bien, así como alguna Escuela Técnica Superior.

Pregunta: ¿Para finalizar, qué es lo que opina que debería cambiar prioritariamente en nuestra ciudad?

Respuesta: Como algo que nos concierne a todos, Salamanca debería mejorar en calidad y cantidad la sanidad pública, incluidos los exiguos servicios de salud mental, actualmente tan necesarios. Es una apreciación de la casi totalidad de sus habitantes.

En cuanto a actitudes de la población, deberíamos ser mucho más acogedores con la gente que viene a enriquecer a nuestra ciudad (estudiantes, profesores, nuevos empresarios, jubilados) y valorarlos, pues sin ellos Salamanca no parece poder frenar el declive económico, cultural y de población que se detecta.