Las estelas de Cerralbo

Hace un tiempo, en este mismo medio, dediqué un artículo al pasado romano de Guadramiro, hecho constatable por la veintena de estelas romanas que se conservan en el casco urbano guadramirense, generalmente embutidas en diversas construcciones, incluyéndose entre ellas la torre, la iglesia y la ermita.

Por otro lado, a apenas 7 kilómetros de esta localidad, la villa de Yecla de Yeltes también alberga numerosas estelas romanas, pudiendo observarse en el Museo del Castro de Yecla la Vieja una quincena de ellas, además de otros objetos arqueológicos de época vetona y romana, que han trascendido al paso del tiempo como huellas de la presencia humana en nuestro territorio hace dos milenios.

Sin embargo, ha de indicarse que Guadramiro y Yecla no son las únicas localidades del entorno en que han aparecido restos romanos, pues son numerosos los municipios de la zona donde se ha documentado la existencia de estelas romanas, caso de, por ejemplo, Cerralbo y Valderrodrigo, colindantes con el término guadramirense, y que no son sino parte de una larga lista que completan localidades como Hinojosa, Las Uces, Retortillo, Villasbuenas, Barruecopardo, Saldeana, Bermellar, Cabeza de Framontanos, Traguntía, Peralejos de Arriba o Manceras.

No obstante, en esta ocasión me centraré en el caso de Cerralbo, población hermana y amiga de Guadramiro, con la que compartimos el Vado de la Barca del río Huebra, y que es la puerta del Abadengo para aquellos que accedemos a esta comarca desde el oriente.

En primer lugar, sobre las estelas romanas de Cerralbo, cabe destacar la labor de estudio que hizo el padre César Morán hace exactamente un siglo, en 1921, recogiendo buena parte de las mismas en su artículo “Epigrafía Salmantina”, que fue publicado por partes en La Basílica Teresiana. A dichos estudios del religioso omañés, habría que sumar más recientemente el elaborado por Liborio Hernández en “Inscripciones inéditas de Cerralbo y Peralejos de Arriba”, publicado en la revista Historia Antiqua en el año 2013.

En todo caso, Morán señalaba hace un siglo que las cuatro estelas romanas aparecidas en Cerralbo que analizaba, procedían del paraje de la localidad denominado “Las Pocilgas”, a las que habría que sumar las tres identificadas por Hernández, una de ellas ubicada en Lumbrales aunque procedente de Cerralbo, de una colección particular según señalaba dicho profesor (en el caso de las analizadas por Morán, éste señalaba explícitamente también que alguna de las estelas de Cerralbo se habían trasladado a Ciudad Rodrigo).

Respecto a qué información recogen dichas estelas, hay que decir que nos ayudan a conocer los nombres de algunos de los antiguos moradores de las tierras en que nos asentamos, así como la edad a la que fallecieron. En este aspecto, la primera de las estelas de Cerralbo analizadas por Morán nos indicaba la existencia de un vecino, Atta, fallecido a los ochenta años de edad, al señalar su estela funeraria: “Atta an(norum) LXXX h(ic) s(ita) e(st) s(it) t(ibi) t(erra) l(evis)”.

Por su parte, la segunda y tercera estelas cerralbinas analizadas por Morán nos informaban de sendas vecinas, Aprodita y Janua, con un fallecimiento mucho más temprano, con veinte y veintiséis años respectivamente, rezando dichas estelas “Aproditti ann(orum) XX h(ic) s(it) t(ibi) t(erra) l(evis)” y “Ianua Ambati (filia) ann(orum) XXVI s(it) t(ibi) t(erra) l(evis)”. Finalmente, la última de las estelas estudiadas por el padre Morán se hallaba en un estado tan precario en cuanto a desgaste que apenas podían distinguirse varias de sus letras, sin poder obtenerse toda la transcripción de la estela.

Por su parte, Hernández Guerra ampliaba el catálogo de estelas romanas procedentes de Cerralbo en tres más, ubicando la primera de ellas en Lumbrales (aunque de procedencia cerralbeña), la cual rezaba “Ama Dobitero Clovti f(ilio) Annorum XXX”, esto es, una estela dedicada por Ama a Dobitero, hijo de Cloutio, de 30 años. Asimismo, la segunda estela de Cerralbo analizada por Liborio Hernández también recogía a alguien llamada Ama, si bien al haberse borrado una de las líneas de la estela no podría obtenerse toda la transcripción, solamente dicho nombre y “Ann(orum) XXXV”, es decir, de 35 años, sin poder afirmarse si dicha edad era la de fallecimiento de dicha Ama, o si por el contrario era la de algún hijo o hija a quien dedicaba la estela, como en el caso anterior.

Además, una última estela procedente de Cerralbo remataría las recopiladas en dicha localidad, que en este caso fue analizada también por Hernández Guerra, si bien, como en otros casos, el deterioro de la misma no permite extraer de ella toda la información que en su momento poseía. De esta manera, apenas puede leerse “Arreno [---] An(norum) h(ic) s(itus) t(ibi) t(erra) l(evis)”, presuponiéndose su dedicación a un vecino llamado Arreno, pero del cual no se podría saber ya la edad a la que falleció, al encontrarse borrada dicha parte de la inscripción de la estela.

En todo caso, las estelas romanas documentadas en Cerralbo nos muestran una etapa quizá más desconocida del pasado de esta ilustre localidad, que otrora fuera cabeza de marquesado, y en la que basta dar un paseo, descubriendo su iglesia de origen románico, los restos de su castillo o los de su convento, para descubrir la profundidad de las raíces históricas de la bella y desconocida villa de Cerralbo, en cuyas raíces también hay una parte de pasado romano.