Adiós a Hans Küng

Hay que tener la honradez de llamar a las cosas por su nombre, contra toda extensión, involucración, confusión y tergiversación de lo cristiano, bienintencionadas la mayoría de las veces: el cristianismo de los cristianos debe seguir siendo cristiano. Pero sólo sigue siendo cristiano cuando continúa explícitamente ligado al único Cristo, el cual no es un principio cualquiera o una intencionalidad o el punto final de una evolución, sino una persona bien definida, inconfundible e insustituible, con un nombre muy determinado.

 HANS KÜNG

También mi sueño es soñado por muchos, mi visión de un cristianismo reconciliado, de la paz entre las religiones y de una auténtica comunidad de naciones es compartida por muchos. Al igual que Martin Luther King, no viviré para ver la realización de mi visión. Pero tampoco me la llevaré conmigo a la tumba. Será propagada por el anhelo que generaciones enteras albergan de un mundo más pacífico, más justo, más humano. En ello creo, en ello espero.

HANS KÜNG

 

El martes de la semana pasada falleció Hans Küng a la edad de 93 años, uno de los teólogos más influyentes del siglo XX y un crítico incansable. Habló sobre lo humano y lo divino, desde la infalibilidad de la Iglesia a la ordenación de mujeres, pasando por los abusos del clero y la necesidad de una Iglesia humilde. Ofreció lo mejor de la teología alemana, muy pegada a la filosofía y con aportes excelentes a la Filosofía de la Religión, volcándose fundamentalmente en la teología y la ética. En teología se aventuró por nuevos caminos, desarrollando una cristología menos dogmática como en la obra Ser cristiano (1974), creando también, una teología ecuménica en diálogo con otras religiones, con obras como Cristianismo y religiones universales (1984). En el campo de la ética, propugna una ética universal, buscando mínimos éticos compartidos y consensuados con las diferentes religiones. Su propuesta es un proyecto ético planetario asumido tanto por las personas religiosas como no religiosas, fundamentado tanto desde la filosofía como desde la teología.

Se adentró por caminos inexplorados y difíciles para un teólogo, con una eclesiología más dialogante con el mundo y una mayor democracia interna, superando la jerarquía imperante y la infalibilidad del Papa. En julio de 1970, en el centenario de la proclamación pontificia, Hans Küng publicaba, en edición alemana ¿Infalible? Una pregunta. Un estudio provocador que desató reacciones y polémicas en los especialistas de la materia, muchas de ellas recogidas en la prensa europea, turbándose no pocos Episcopados. Fue una discusión general, en la que intervienen no pocos teólogos, unos para combatir las posiciones de Küng, como Karl Rahner; otros para defenderlas, como Otto Karrer, cuya fidelidad a la Iglesia no le pareció dudosa.

No fue una polémica aislada, hay que situarla en el contexto del Vaticano II, donde se produce un movimiento de crítica e interrogación, que precede a cualquier movimiento de renovación, suscitando numerosas controversias tanto dentro como fuera de la Iglesia católica. La revista Concilium, de la que Hans Küng fue cofundador, publica el 20 de noviembre de 1979, una declaración reclamando más libertad para los teólogos, ya que éstos se cuestionan los grandes problemas de nuestro mundo desde una hermenéutica actualizadora de la Palabra de Dios. Son años de una teología uniformadora con el magisterio eclesial, donde surgieron no pocos enfrentamientos con teólogos que parecían ser más críticos con las posturas más oficiales. Ahí están las sanciones e interrogatorios contra Hans Küng, Jacques Pohier, Edward Schillebeeckx, Charles Curran, Leonardo Boff, Jon Sobrino y otros. Posiblemente, uno de los que más repercusiones tendrá es el de Hans küng, por el poder divulgador de sus libros, retirándole su venia docendi y apartándolo de su cátedra de Tubinga en el año 1979, declarado “teólogo no católico”.

La Comunidad de Universitarios Católicos se solidarizaron con su profesor con una procesión de antorchas desde la universidad hasta el Holzmarkt, pasando por el casco antiguo de la ciudad de Tubinga. La marcha movilizó a más de mil estudiantes, en una ciudad universitaria de setenta mil habitantes, al grito “El papa no tiene el monopolio de Cristo”. En su alocución en defensa de Küng, el profesor Norbert Greinacher, afirma que la Iglesia prescinde de uno de sus mejores misioneros, no debemos resignarnos, no dejaremos que nadie nos eche de la Iglesia. ¡Nosotros también somos Iglesia! La solidaridad con Hans Küng, llega también desde la teología evangélica con los teólogos Eberhard Jüngel y Jürgen Moltman, que organizan una declaración en su defensa que entregan a la prensa y será divulgada por toda Europa.

Su mayor defensor en España, fue mi profesor de filosofía de la Religión, Manuel Fraijó, alumno suyo en Tubinga en los años 70 y su mayor valedor para que fuera investido en la UNED como Doctor Honoris Causa en filosofía. Con lo que Fraijó también fue sometido a juicio por la Congregación para la Doctrina de la Fe, con lo que para no ser sancionado tiene que secularizarse, abandonando la docencia en los centros de la Iglesia. Comenta Fraijó, que Hans Küng, a raíz de su separación de la docencia católica, se dispuso a roturar espacios que no suele atravesar un teólogo, naciendo los estudios sobre las religiones y su preocupación por el diálogo interreligioso, lo que hemos denominado la teología ecuménica, llevándolo a la ética universal.

Su salto a la fama se producirá por su participación en el Concilio Vaticano II, siendo perito del obispo Carl Joseph Leiprecht, y, sobre todo, por la difusión del espíritu del Concilio en libros y revistas como Concilium, de la que fue cofundador con otros grandes teólogos. Su mayor conocimiento y reconocimiento, se debe a la lectura de sus libros, siendo uno de lo mayores trasmisores del mensaje de Jesús.  Se han vendido miles de copias y se han traducido a más de 25 idiomas, ya que irradian claridad e inteligencia, siendo uno de los mayores profetas de nuestro tiempo. Muchos de ellos fueron leídos y devorados no solo por teólogos y sacerdotes, sino por muchos laicos y cristianos de a píe, como fue mi caso, donde llegue al mundo de la teología gracias a libros de Hans Küng como Ser cristiano o ¿Existe Dios?.  

El primero es una obra escrita para creyentes y no creyentes, donde nos ofrece una visión de conjunto del cristianismo y de su compromiso práctico. En el segundo, quiere responder a la crisis de Dios en nuestro mundo, con lo que se remonta a Descartes y repasa a diferentes pensadores, con sus dudas, su fe, increencias y esperanzas, como Kant, Hegel, Karl Barth, William James, Teilhard de Chardin, Heideger, Bloch, Schopenhauer, Wittgenstein, pasando por Adorno o Horkheimer, para hacer razonable la creencia en el Dios cristiano.

En una entrevista con L’Osservatore Romano y que en nuestro país he leído en Vida Nueva, el cardenal Walter Kasper ha revelado que el teólogo quería morir en paz con la Iglesia a pesar de todas las diferencias. Hans Küng, ha diferencia de otros teólogos, nunca dejó la Iglesia a pesar de las disputas. El papa Francisco le comentó a Kasper que le transmitiera sus saludos y sus bendiciones en la comunidad cristiana. Desde 2016, Francisco y Hans Küng han mantenido una correspondencia fluida y cordial de manera personal llamándole “querido hermano Hans”, queriendo debatir sus posiciones con un nuevo espíritu y en espacio de libertad renovado. Como nos recuerda Bruno Forte, Küng amaba a la Iglesia, su crítica fue profunda y constructiva, quiso hacer presente la Iglesia que el Concilio había deseado, su obra debe ser un estímulo para abrir caminos nuevos en una Iglesia en salida.