Unionistas, te quiero, te vengo a ver...

Y ya no a verte ascender, sino… ¡ascendido! Flamantemente ascendido el Domingo de Ramos a Primera División de la RFEF para la temporada 2021-2022, el Domingo de Resurrección, después de casi trece meses, por fin tuve la satisfacción de poder acercarme al campo y animar a mi equipo, Unionistas de Salamanca C.F. Perdimos, pero con el objetivo cumplido con tanta brillantez y prontitud las derrotas duelen un poco menos.

Ya sé lo que es ir al fútbol en la “nueva normalidad”, que aún es más restrictiva para el aficionado de Unionistas, por aquello de que jugamos en un estadio en construcción, el renovado e histórico Reina Sofía, y que el proceso se le está alargando mucho al Ayuntamiento de Salamanca, el mismo que renunció al Helmántico: había que reservarlo para otros proyectos con otros promotores.

Lo primero fue concursar. Sí, Unionistas tiene más de dos mil quinientos socios que pagamos nuestro carnet, muchos con cuotas suplementarias, para sostener un club que es de todos. Sabíamos que en esta liga veríamos pocos partidos, aunque confiábamos en que a partir de enero o febrero ya se podría disponer del estadio. El caso es que al partido del ascenso contra el Racing de Ferrol pudieron acudir ochenta y cinco socios y en este último ante la Cultural Leonesa fuimos ciento ocho.  Concursar y tener suerte. La tuve.

Luego, ir al campo. Solo. Una experiencia que no suelo practicar. Siempre con mis padres, con mi hermano, con amigos. Camiseta con el número 23, esta vez sobre el jersey, en una mañana fría a la sombra sobre la heladora piedra de la grada sur. La misma camiseta del día del ascenso a Segunda B, cuando sobraba, cuando quemaba la piedra de Las Pistas. A la entrada, un saludo, que en condiciones normales nos lo habríamos dado en forma de abrazo cofrade. Era Domingo de Pascua, incomprensiblemente sin anuncio público de la Resurrección (por eso concursé, claro).

Dentro, la distancia de seguridad. Separados pero unidos por un canto interminable, por las palmas continuas, desde el pitido inicial hasta el noventa y más allá. Caras conocidas, trece meses después. Como yo, primero sufrieron el confinamiento, al que nos llevamos un 4-0 al filial de Osasuna como último recuerdo. Sobrevivieron. A partir del otoño, seguimos al equipo, aprendimos palabras en gallego (trocos, cartón amarelo, porteiro, dianteiro, adestrador…), nos admiramos y más cosas al ver la clasificación cada domingo por la noche, ¡ganamos un “derbi”!, hicieron cuentos de la lechera los más atrevidos y todos sufrimos la pájara reciente, felizmente superada. Sobrevivimos… pero el domingo no estaba Agustín. No estaba allí pero yo le sentí muy presente. Incluso el socio que estaba sentado dos filas por debajo me recordaba a él, con su pelo cano y su entusiasmo por el equipo. ¡Cómo habrá disfrutado en el Cielo este ascenso!

Minuto 23. Bufanda desplegada. El himno de la Unión. Como en aquel primer amistoso en el campo del Santa Marta. Como en La Sindical. Como en tantos pueblos de León y de Castilla. Como en Águilas y como en Játiva: ad astra per Játiva. Como en Don Benito, como en Tarazona, como en Socuéllamos. Como en la Copa contra el Real Madrid. Como siempre y como nunca.

La táctica, el esquema de juego, las polémicas arbitrales, los movimientos de Carlos De la Nava que tanto echaba de menos ver de cerca, las crónicas del partido, los sesudos análisis… se los dejo a los entendidos. Y entre ellos, mi enhorabuena a los inventores de ese concepto que alumbraron en la primavera de 2013: “el fútbol en Salamanca”. “Lo importante es el fútbol en Salamanca”, apabullaban con su cantinela a los que decíamos que para nosotros lo importante era la Unión, que nadie rescató. Como a ellos les daba igual UDS que SUD que SAC, felicidades por el ascenso de USCF, que alcanza una categoría de más nivel que la que disputaba el irrepetible e insustituible Salamanca cuando desapareció. A mí siempre me queda en los labios, al probar la dulzura de este éxito pasajero como todos pero fruto del trabajo bien hecho, el agrio deseo de que ojalá nunca hubiera tenido que fundarse un club en memoria del que aprendí a querer de niño.

 

En la fotografía, el riego al descanso del partido. Añorada como agua de mayo, un 4 de abril. Como el agua que embarraba el Reina Sofía cuando jugábamos en Provincial hace seis años y allí estábamos, animando sin parar a Unionistas.