El más acá

Uno de los más destacados neurólogos, insta a prestar atención a la salud del cerebro, órgano del que depende mucho la salud general. Y alerta del impacto social y económico de las enfermedades neurológicas y psiquiátricas en el futuro.

Por mi parte; estoy totalmente convencido de que el estrés de esta vida que llevamos, los acontecimientos imprevistos tales como la llegada del-virus-, la “metedura de pata” en un paseo cotidiano en una baldosa que estaba en mal estado, también afectan a la función cerebral. Cierto es, que el cerebro por si solo es capaz de modificarse y adaptarse. Por ello digo que en mi caso particular; después de la caída con rotura de húmero de hombro derecho, magulladuras en general y casi dependencia absoluta por la nula efectividad de brazo izquierdo, no entrenado para muchos menesteres diarios; de no tener el cerebro totalmente operativo, las hubiera pasado aún más “canutas” que como lo estoy pasando. Y simplemente, porque el cerebro es la diana número uno de la salud general, pues él monotoriza todos los órganos y es capaz de actuar sobre todos ellos.

Como ya me he desahogado un tanto; tengo que contaros que recibí un whatsApp desde Barcelona (también los he recibido de otros amigos y lugares, que agradezco infinito), de mi amigo del alma el señor Manuel, muy preocupado por mí caída y sus consecuencias. Me dice también que pronto regresará al terruño y podremos continuar teniendo en la Parcela nuestras charlas de lo divino y humano sin olvidar la ingesta de nuestro ya clásico vermú con anchoas de las redondas y lo que se tercie por  añadidura de acompañamiento. Noticia que mucho me congratula y que es también demostrativa de que al señor Manuel le “rula” bien su cerebro con independencia de la edad, pues ello hace bueno la verdad de que ella no es causa de que el “coco” ande peor; pues a medida de hacernos mayores, hay cosas y capacidades en qué ganamos y otras que perdemos…

Estamos inmersos en un  mal momento de controversias; no solamente en ambientes políticos, sino de la vida misma… ¿Enterramientos? o ¿Incineramientos?... ¿Quiénes avalan y quien no, la Ley de la Eutanasia? Para que los pacientes accedan a una muerte solicitada. ¿Es una Ley histórica o… el día más triste?

“Un día vi en Televisión como un padre, después de un terremoto esperaba estoico a que sus dos hijos fueran encontrados entre los escombros y decía: “Quiero que sean encontrados para que luego sean enterrados debidamente y en algunos momentos poder platicar con ellos”.

Así de sencillo. Poder platicar con las personas queridas que se fueron al “más allá”; las que  aún estamos en el “más acá”, pues tenemos necesidad de hablar, aunque sea en el silencio.

Puedo asegurar que yo así lo hago, aunque no tanto como quisiera. Cuando paso por los “cinco caminos”, sinónimo de libertad, que nuestro hijo –Javi-, eligió para que sus cenizas fueran esparcidas-platico con él unas veces en voz baja y otras en silencio, teniendo de testigos mudos a los frondosos pinares, siempre iguales, o los hermosos campos de trigos y cebadas cambiantes según la estación…

También a mí me gustaría, cuando llegue su momento, reposar en esos lugares de tomillos por los que tanto pisé y que otras partes de las cenizas fueran a la Parcela (cerca del olivo) ver foto, donde siempre me sentí bien y a las laderas de “El POZUELO”. Y, cómo no, al paraje amado de “Hornacinos” allá en El CERRO. (Ver foto). Lugares todos ellos en donde pude contemplar amaneceres esplendorosos y anocheceres no menos; sentir en plenitud el cierzo del invierno y el calor sofocante del verano, la lluvia de sur y vi los grandiosos espacios llenos de colores; llegando hasta mis oídos el sonido de las lejanas campanas de una Iglesia en monocorde cadencia en una mañana de fuerte helada y calma abismal.

Allí quiero estar. En la tierra pero cerca del cielo, sintiendo sobre mí el paso y las pisadas de animales salvajes y personas con las que conviví.

Pero quiero también que me platiquen; que los familiares y amigos hablen conmigo en ocasiones, que los que se quedaron en el “más acá” me digan algo. Me puede hasta valer; que quien pase por aquellos lares, comenten… ¡Por ahí “anda” Anselmo!...

Pero lamentablemente… no andaré… solamente estaré.

También podría decirme un alma caritativa: “Seguirás aquí vivo, entre tantas palabras  que como “contador de historias” humanas y divinas, dejaste”. Ello sería un  buen recuerdo.