La vacuna anti COVID y la gerra comercial

Cuando nos percatamos del efecto devastador del virus y de la magnitud de la pandemia, tanto médicos como científicos, advirtieron que la solución solo podía venir de las vacunas, y diversas y poderosas empresas farmacéuticas, universidades y centros de investigación, unos con el noble deseo de ayudar y otras visualizando el negocio del siglo, se avocaron a trabajar en ello frenéticamente, para lo que las poderosas industrias farmacéuticas no dudaron en invertir fuertes sumas para conseguirlas.   

El desarrollar una vacuna es un proceso largo y minucioso, tiene varias etapas, una teórica que requiere planeación, discusión y aprobación, otra práctica, de experimentación in Vitro, otra en animales, y si éstas dan resultados positivos se comienza a usar en seres humanos voluntarios, en pequeños grupos, se prueban y comprueban resultados, tanto deseables como inesperados y efectos secundarios, así como la magnitud de los mismos, poco a poco se va probando en grupos más grandes de población, analizando los efectos del producto y haciendo minuciosos análisis estadísticos, y cuando todos estos procesos , que pueden llevar meses o incluso años, han sido exitosos, es cuando se solicita la autorización de la Organización Mundial de la Salud para su comercialización, algo que en este caso, al menos al cien por cien, no se ha hecho, por lo que se desconoce el verdadero nivel de eficacia y las consecuencias que pueden tener a corto y a largo plazo.

La severidad de la pandemia hizo que las investigaciones se hicieran muy rápido y saltando pasos nos llegaron dos por falta de una: la de Phizer y la de y Astra seneca, y la guerra comercial entre las dos distribuidoras ha comenzado. La vacuna de Pfizer no ha causado muchos problemas de momento, pero tiene el inconveniente de que requiere ultra congelación, lo que dificulta su traslado y almacenamiento. Algunas personas que han recibido la de Astra seneca han sufrido tromboembolia severas, graves en unos casos y en otros mortales, por lo que muchos países, entre ellos España, han tenido que prohibir su uso, pero tiene dos ventajas: no se requiere ultra congelación y es más barata.  

Los españoles, en general, veíamos en las vacunas la solución al problema, pero la autorización para reanudar la administración de la de Astra seneca ha despertado el miedo en la mayoría, y es normal. Insisten en que tiene más ventajas que inconvenientes, y es posible, pero ¿quién nos garantiza que nosotros no estemos en ese treinta por ciento que pueden correr riesgo? Aseguran que la muerte de la profesora andaluza, nada tuvo que ver con la vacuna, pero si tan seguros están ¿por qué se decide etiquetar las vacunas con los posibles efectos secundarios? Ante esta situación lo normal sería que pudiéramos elegir entre una vacuna y la otra, pero como saben que la mayoría renunciaríamos a la vacuna problema, no lo harán, eso supone dinero, y a nuestro gobierno, como a todos los gobiernos del mundo, le importa más el dinero que la vida de los ciudadanos. Esperemos que no intenten quitarnos el miedo cambiándola de nombre.