Ciudad Rodrigo al día

¡Con un par... de neuronas!

Es fascinante la metamorfosis que sufrimos las personas al recostarnos en el asiento de nuestro vehículo

¿Os gusta conducir? Bueno, mejor dicho, ¿os gusta conducir bien? A este tema le tenía muchas ganas, por lo que espero no dejarme nada en el tintero ya que tiene muchísima tela el asunto…

¿Habéis visto esos documentales de televisión donde el león macho se tiene que pelear con otros veinte contrincantes y demostrar chulería, superioridad y fuerza para poder reproducirse con la codiciada hembra? ¿No os recuerda la selva a nuestras autopistas? ¿Por qué somos tan inútiles?

Es fascinante la metamorfosis que sufrimos las personas al recostarnos en el asiento de nuestro vehículo (normalmente hombres y en coches, aunque en esta vida hay de todos los ejemplos).

Supongo que algún científico habrá realizado estudios donde analice la secreción de cierta hormona al pisar el acelerador, pero estoy seguro de que algo hay detrás de todo este despropósito.

Apuesto a que muchas veces os habéis visto inmersos en alguna de estas situaciones, si no corregidme. Vas por la autovía, limitador puesto en ciento veinte kilómetros por hora y alguien te pasa, se coloca delante de ti y reduce la velocidad de forma drástica sin explicación aparente. Le adelantas como es lógico, ya que de lo contrario te empotrarías contra él, pero justo cuando le rebosas su instinto más depredador se activa y pone su coche a ciento noventa por hora para pegarte una pasada increíble mientras te dedica una mirada de odio extremo o, en ciertos casos, alguna que otra peineta. ¿Me lo estoy inventando?

Una más. No sé qué habrá pasado en España (al menos) en los últimos años, pero ni Dios usa los intermitentes. Yo he comenzado a sospechar que esto es como lo de la palabra “sólo” acentuada. La gente ha ido suprimiéndole el acento de forma paulatina hasta que la mismísima RAE ha terminado por aceptarla sin él. Con los intermitentes va a ocurrir igual si todavía no lo ha hecho. Lamentable.


Un último ejemplo basándome en experiencias propias. ¿Alguna vez os han adelantado en un carril individual de aceleración para entrar en autovía, por la derecha, a más de cien kilómetros por hora y teniéndoos que apartar para no ser atropellados por detrás? A mí me pasó hace bien poco. Fascinante, de verdad. Algo que solo puedes creer si te ocurre de forma personal. Magia pura, vaya.

¿Qué pensáis que explica todo esto? ¿Un problema de autoestima? ¿Déficit en la incorporación de conocimientos automovilísticos? ¿O simplemente un bajo coeficiente intelectual? ¿Eso gusta? ¿Atrae? ¿Si alguien no hace todas estas cosas es menos que otro que sí? ¿Dónde vamos a llegar?

¡Ah! Casi se me olvida. Solo hay una especie en la selva capaz de poner en raya a estos leones en celo. Van vestidos normalmente de verde o de azul oscuro y su presencia en las carreteras actúa de forma casi anestésica, inhibiendo este tipo de conductas y haciendo que los leones del volante se comporten más como ositos amorosos y amigables que como los reyes que dicen ser. Unos minutos, claro está, ya que cuando las autoridades se alejan de su lado, vuelven a adoptar esa posición orgullosa, deplorable e irrespetuosa con la vida.

¡Claro que sí, señores leones! ¡Con un par de… neuronas!

Nos leemos el próximo domingo por aquí o, hasta entonces, en Instagram (@rubenjuy) y en Facebook (Rubén Juy).