Las Arribes al día

Teso de San Cristóbal, santuario rupestre en las Arribes del Tormes

Además de sus vistas, este legendario lugar presenta la Peña del Pendón, piedra de 55 Tn. que puede mover una sola persona

Vista de las Arribes del Tormes desde el asomadero cuyo acceso sale en las inmediaciones de la plaza / CORRAL

Villarino de los Aires es la puerta de entrada norte a Las Arribes del Duero. Enclavado en la horquilla que conforma la unión de los cañones de los ríos Tormes y Duero, su especial orografía lo convierten en uno de los lugares de especial interés para el avistamiento de aves singulares como el alimoche, el martín pescador, águila perdicera o cigüeña negra, además de mamíferos como nutrias, o corzos. En flora, los meses de abril y mayo muestra un pequeña florecilla de la familia de las orquídeas conocida como ‘avispina’ por su similitud con una abeja extrayendo el polen.

Precisamente, esta pequeña florecilla de la familia de las orquídeas únicamente crece en el paraje del Teso de San Cristóbal, una de las joyas que atesora Villarino de los Aires, un lugar especial que permite volar a los soñadores y adentrarse en los misterios que desde siempre alumbraron a los que se asoman a cualquiera de sus salientes.

 

En este emblemático paraje de Villarino puede observarse el paso de civilizaciones anteriores, tumbas excavadas sobre la roca en las inmediaciones de su coqueta ermita. Pero es la zona de la Peña del Pendón la que despierta mayor curiosidad, pues a sus escaleras talladas sobre granito se suman las oquedades de la roca que hacen de escalinata para acceder a lo que se asimila a un trono de piedra. Esta mole granítica de unas 55 toneladas de peso, es capaz de hacerla balancear un solo hombre si se lo propone y sus brazos se lo permiten, de ahí que sobre su leyenda pese que en un pasado lejano sirvió para para perpetrar sacrificios.

Además de los anteriores puntos de interés, el Teso de San Cristóbal permite observar la grandiosidad del cañón horadado por el río Tormes a lo largo de milenios. Uno de estos asomaderos naturales es el conocido como Balcón de Pilatos, al que se suma otro cuyo acceso parte de su plaza de toros realizada con piedra del lugar y en la que hasta no hace mucho se celebraban capeas el Lunes de Pascua, fiesta con la que se despedía la Cuaresma.

  • Avispinas florecidas hace unos días en el Teso de San Cristóbal