DEPRISA cuando debería ser DESPACIO

“Para alcanzar una fecunda vida, es menester vivirla despacio”

Cicerón

Vivimos en una sociedad donde todos corremos todo el tiempo. Seguro que en más de una ocasión nos hemos preguntado:¿por qué voy deprisa cuando debería ir despacio? ¿Por qué tenemos que ir de un lado para otro siempre corriendo? Siempre vamos con prisas. Hace unas semanas hablando con uno de los grupos del programa de lectura y creatividad con niñ@s a partir de 4 años: En construcción sobre las horas -ya que algunas de ellas acaban de aprender cómo funcionan las horas del reloj- comentaron que los adultos siempre vamos con prisa. Comentario que los más pequeños también afirmaron. Razón no les falta ¿Qué hay de cierto en sus palabras? ¿Vamos siempre tan atareados que no tenemos tiempo de tomarnos las cosas con más calma?

 

Ya sabéis que las curiosas buscamos siempre respuestas en los libros y hoy queremos compartir esta selección de historias (reseñas extraídas de cada editorial) que nos brindan unas cuantas enseñanzas respecto al tiempo y su valor.

 

Luisa siempre va con prisaTimothy Knapman / il. Gemma Merino. Picarona, 2019

La liebre Luisa va siempre con prisas y no tiene tiempo para detenerse y charlar! Va tan deprisa a todas partes que termina sufriendo un accidente con su patinete y cae al estanque. Cuando la tortuga Tom la rescata, Luisa se ve obligada a cambiar sus hábitos. ¿Podrá Luisa aprender a vivir más despacio? Una tierna y divertida historia sobre la amistad, la amabilidad y lo mucho que te pierdes cuando siempre vas con prisas.

 

Los robots no tienen prisa. Alberto Pieruz. Algar, 2017

Lucas odia los horarios. Tampoco le gustan nada las normas del señor Minutti, tan escrupuloso y estricto como su rutina. Él solo quiere jugar y parece que gracias a Robogante, un robot grande y feo, ¡lo podría conseguir! Pero lo que necesitan Lucas y el señor Minutti es descubrir cuál es el auténtico valor del tiempo y aprender a utilizarlo de la mejor manera posible.

 

 

Tic-Tac. Grégoire Reizac / il. Jörg. Takatuka, 2013

A ojos de los niños, los adultos siempre parecen ir con prisas a todas partes; siempre parecen llegar tarde a algún lado o venir tarde de algún otro, pues les faltó tiempo, hubo algo que les hizo perder tiempo o el tiempo simplemente se les escapó de las manos. Por las mañanas, el padre de nuestra protagonista siempre anda con prisas, quejándose del tiempo perdido. La madre, en cambio, parece tener tiempo de sobras, porque continuamente le da tiempo para hacer sus cosas: «¡Te doy diez minutos para que te arregles la habitación!». La protagonista de nuestra historia observa a sus padres en el día a día, atenta a todas las situaciones y lugares donde dicen haber perdido el tiempo. También a ella le toca aprender a gestionar y negociar sus tiempos. Así que se dispone a indagar adónde va a parar ese tiempo perdido irremediablemente, y si habrá manera de encontrarlo y guardarlo para que en el día de mañana a ella no le falte nunca. Una historia llena de humor sobre nuestros ritmos de vida y sobre cómo la dictadura del reloj moldea nuestras vidas.

 

¡Deprisa, deprisa! Clotilde Perrin. Juventud, 2020

¡Vamos allá! ¡Saltar de la cama, vestirse en un periquete, salir corriendo de casa y, a la carrera, atrapar primero el autobús, luego la lancha y no perder el avión ultrasónico! Pero es tan agradable tomarse el día con calma, mirar cómo caen las hojas, escuchar el chapoteo del agua o saborear tranquilamente una buena tostada... Un libro para leer deprisa, deprisa la primera mitad… y muy poquito a poco la segunda. El formato apaisado del libro permite que la historia se desarrolle como una secuencia donde el texto baila a la perfección con las ilustraciones.

 

La oruga impaciente. Ross Burach. Lata de Sal, 2019

La oruga más impaciente del bosque es esta y el lector se partirá de risa leyendo y descubriendo que su falta de paciencia le llevará a no poder esperar para convertirse en el sueño de toda oruga... ¡convertirse en mariposa! Un libro súper divertido sobre la importancia de tener paciencia para conseguir nuestros sueños.

 

¡Qué niño más lento! Lucía Serrano. Fondo de Cultura Económica,  2010

Néstor no es un niño como cualquier otro: se despierta, come, juega y hace los ejercicios que le dejan en la escuela, pero lentamente, pasito a pasito. Mientras todos están siempre apresurados, Néstor prefiere escuchar el ritmo que le marca su propio interior, su propio ritmo. Néstor es feliz así. Hasta que un día pierde su armonía interior y, con ello, la paz que lo caracterizaba.

 

Date prisa... Ve despacioLayn Marlow. Editorial Jaguar (Colección Miau), 2012

Liebre siempre va con prisa y tortuga necesita su tiempo. Pero juntas serán capaces de disfrutar de cosas realmente fantásticas. ¡Después de todo, algunas cosas no deben apresurarse! Desarrollada en un acogedor entorno de tierras de cultivo, con su sencillez y adorables personajes este libro pone de manifiesto las diferencias entre dos personalidades: la enérgica e impulsiva de la liebre y la prudente y tranquila de la tortuga. Una historia que celebra la energía de la infancia y la alegría de compartir los libros.

Por favor, recuperemos la calma, el placer de la contemplación, de tomarnos TIEMPO para disfrutar de las pequeñas cosas, saborearlas, recrearnos en ellas sin nada de prisa. Antes de terminar, os dejo con esta fábula inspiradora: “El industrial y el pescador” de Anthony de Melho:

Un rico industrial del norte se molestó al encontrar a un pescador del sur tranquilamente recostado en su barca y fumando en pipa.

-¿Por qué no has salido a pescar? –preguntó el industrial.

-Porque ya he pescado bastante por hoy –respondió el pescador.

-¿Y por qué no pescas más? –insistió el industrial.

-¿Y qué iba a hacer con los peces? –preguntó a su vez el pescador.

-Ganarás más dinero –fue la respuesta-. De ese modo podrías poner un motor a tu barca. Entonces podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces. Entonces ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon. Pronto ganarías para tener dos barcas… y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico como yo.

-¿Y qué podría hacer entonces? –preguntó de nuevo el pescador.

-Podrías sentarte y disfrutar de la vida –respondió el industrial.

-¿Y qué estoy haciendo en este preciso momento? –respondió satisfecho el pescador.

 

Soraya Herráez.