Persecución identitaria

Escribo este artículo en el sábado santo dentro de nuestra Semana Santa. Un día de silencio en las Iglesias de los pueblos hasta que se anuncia la Resurrección.

Estoy cansado de la persecución a los signos religiosos y culturales que hemos mamado de nuestras madres y abuelas.

No se puede juzgar toda una tradición, porque algunos obispos hagan lo mismo que políticos de izquierdas y derechas hablando de pobreza desde su púlpito.

Las supremacías morales desvergonzadas están quitando autoestima a la democracia de un pueblo que con todas las redes posibles cada vez se comporta más como rebaño entre manadas de lobos de Wall Street.

Para mí es un esperanzador mensaje el de la Pascua. Yo que desde el aneurisma convivo diariamente con la muerte es el mayor sosiego. No sólo permite afrontar la muerte sino también la vida. En mi caso la Fe me permite afrontar cualquier reto y sobretodo alivia los miedos que podemos tener los padres sobre los riesgos a los que están sometidas en mi caso mis hijas.

No soy de turbas de Semana Santa pero si echo de menos algún momento íntimo en la procesión de la Soledad en mi pueblo de Moralina de Sayago donde solía sacar en hombros el Cristo.

Volví a ver Ben Hur por enésima vez y sumergirme otra vez en el viaje a Jerusalén con toda la familia en dos mil diecinueve.

Cuando no encuentro la vía de transmisión de la Fe a mis hijas y cuando en el colegio con todas las programaciones de Pastoral infinitas tampoco creo que estén llegando a los jóvenes. En Jerusalén vi destellos en mis hijas a pasear los lugares y escuchar a un sabio guía judío.

Pero sobretodo espero que la Fe y la espiritualidad le llegue por las obras y la entrega a los más desfavorecidos.

No considero auténtica la Fe sin obras. Me parece una pretensión altanera de iluminados que se creen en posesión de la verdad, los nuevos fariseos de normas, riquezas y  adoctrinadores que prostituyen el verdadero mensaje.

No me gusta la parafernalia, pero soy defensor de la tradición de la Semana Santa y devoto del significado evangélico.

Los autollamados progres  reniegan y siembran odio donde se predica amor. Es difícil encontrar celebraciones colectivas con sentido y sentimiento. Pero las nuevas modas y dictaduras me parecen todavía más peligrosas. Hay mucho nuevo pan y circo y mucho nuevo opio para el pueblo.

Cobra sentido esperar la muerte con las botas puestas. El arte es un reflejo de una inspiración mayor y los zafios mediocres no lo pueden ensombrecer.