Antonio Costa Gómez publica la novela 'El saber apasionado'

“En este libro hondo y conmovedor se reivindica la necesidad del misterio”, dice Martín Garzo en el prólogo

El escritor gallego Antonio Costa Gómez publica la novela “El saber apasionado” (que estuvo entre las finalistas del Premio Azorín 2018), en Editorial Quadrivium. En la obra el filósofo Edmundo Asma, contra todos los tópicos, defiende que la pasión (el conectar profundamente con las cosas) es el mejor medio de conocimiento. Hablar con las cosas es mejor que razonar abstractamente sobre ellas, igual que es mejor hablar con nuestra vecina de arriba en lugar de razonar sobre ella. La razón abstracta demuestra cualquier cosa, incluso que el movimiento no existe, pero Edmundo Asma constata que el movimiento sí existe y nos mueve a todos.

El gallego Edmundo Asma se educa en Galicia, pero también en París, en los bosques de Vermont o en las montañas de China. Tiene amores profundos y sobre todo el amor a Elvira, que tiene una tienda en Florencia. Su filosofía tiene mucho de poesía, como la de María Zambrano. Se parece a Nietzsche, pero también a Albert Camus o al filósofo gallego Ramón Piñeiro. Tiene crisis tremendas pero en otros momentos electriza a los oyentes en San Francisco o en Moscú. Se siente despreciado por su padre, pero valorado y comprendido por lectores fervorosos. Al final muere en un accidente de coche algo misterioso como el de Camus.


La novela habla de la incomunicación, del volcarse entusiasta y místico en ocasiones, del amor y sus nieblas, de las fuentes célticas de la creatividad y la imaginación. Invita a vivir apasionadamente, sin abstracciones que coarten la vida, y a conocer apasionadamente a través de la vida.  

Antonio Costa Gómez es licenciado en Filología Hispánica y en Historia del Arte. Fue finalista de los principales premios españoles, apareció en antologías y colaboró en muchas publicaciones. Ya ha publicado bastantes libros. En “Las campanas” suenan al mismo tiempo todas las campanas de Compostela para despertar a la gente. En “El maestro de Compostela” un escultor del siglo XII busca la vitalidad infinita en los comienzos del gótico. En “La calma apasionada” el emperador Adriano busca algo que no perezca entre recuerdos y obras de arte en su villa fantasiosa de Tívoli.