Madrid, región del contagio y del desmadre

Profesor de Derecho Penal de la Usal

Nos encontramos ante el inminente inicio de una campaña electoral en la Comunidad Autónoma de Madrid, dado que su presidenta –que, recordemos, está gobernando desde 2019 con el apoyo de Ciudadanos y Vox a pesar de no haber ganado las elecciones autonómicas- se está guiando por sus gurús políticos que vaticinan que tendrá una holgada victoria. Lejos quedaron aquéllos tiempos en los que el PP de Casado reivindicaba que debía gobernar cualquier institución (Estado, Comunidad Autónomas y Municipios) la lista más votada en las elecciones respectivas. Ya se sabe, el PP lleva siempre a sus últimas consecuencias la máxima Marxista (no la de Karl sino la de Groucho) de “estos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros”. Para el PP cuando gana unas elecciones debe respetarse la lista más votada para gobernar; si no las vence, para gobernar es válido alinearse para acceder o conservar el poder con la extrema derecha; esa que quiere derogar la legislación sobre violencia de género, que admite imponer vetos parentales para que los niños reciban una educación presidida por los idearios del nacional catolicismo de la época franquista, aquéllos que reprimieron con dureza a los maestros republicanos –seguidores de la Institución Libre de Enseñanza de Giner de los Ríos, la corriente pedagógica más brillante que ha tenido nuestro país a lo largo de su historia- que querían llevar la educación pública y gratuita hasta el último rincón de España, hasta el último pueblo, por pequeño, lejano y deprimido que estuviera.

 

            El PP, que lleva gobernando ininterrumpidamente en la región madrileña desde hace casi tres décadas, quiere obtener una mayoría absoluta para seguir gobernando a su antojo, sin límites ni cortapisas, siendo condescendiente y benévolo con la fiscalidad de las grandes fortunas (para las que se convierte en un paraíso fiscal) y tirano con los sectores económicos y sociales más desfavorecidos, lo que ha generado más desigualdad y pobreza en los barrios más humildes de la región, amén de las más de 4.000 personas (de los que 1.800 son menores) que habitan la Cañada Real sin suministro eléctrico desde hace meses, denunciado incluso por Naciones Unidas recientemente. Pero esto no preocupa a la señora Ayuso, a sus consejeros de gobierno, a sus asesores y a sus aduladores mediáticos, para los que los enemigos a batir son los comunistas y los socialistas; eliminados, represaliados, torturados y exiliados por la dictadura franquista y las élites ultra conservadoras porque lucharon denodadamente en defensa de los ideales de libertad, igualdad, justicia social, solidaridad y tolerancia. Resulta patético que alguien como Ayuso, que entró en política de manos presuntamente corruptas, como las de Esperanza Aguirre, Ignacio González o Cristina Cifuentes y con un currículum poco edificante (al que se unen también presuntas maniobras oscuras, como las del caso de Avalmadrid), venga a dar lecciones de ética, transparencia y honestidad.

 

            Por otro lado, durante los meses que llevamos de pandemia de la Covid-19, Madrid es una de las CCAA que peor la ha gestionado. Al principio fallecieron muchos ancianos en residencias de mayores porque la Comunidad de Madrid elaboró un protocolo por el que se ordenó que muchos ancianos enfermos no fueran derivados a los hospitales, a pesar de su gravedad. En otro orden de cosas Madrid es una de las CCAA con la tasa de incidencia de la pandemia más elevada de España. Está en riesgo extremo con 279,46 casos por cada cien mil habitantes, solo superada por Navarra. A pesar de eso, Madrid sigue siendo el hazmerreír de Europa, puesto que las restricciones son menos rigurosas que en otras CCAA y en otros países. Da vergüenza ver a miles de jóvenes extranjeros (sobre todo franceses) por calles céntricas de Madrid en estado de embriaguez permanente y sin mascarillas, haciendo declaraciones en distintos medios de comunicación social. Este desmadre es producto del efecto llamada de Ayuso y el gobierno de Madrid que, aunque éstos apelen al turismo cultural, a pocos de ellos se les ve por el interior del Museo del Prado o visitando el Palacio Real.

 

            La caótica situación de la pandemia producto de la gestión del gobierno de Madrid no es producto de la casualidad, a pesar de que los datos reales se están ocultando (Madrid nunca ha ofrecido datos de contagiados y fallecidos durante los fines de semana ni puentes festivos), puesto que el gobierno regional lleva muchos años invirtiendo menos dinero público en fortalecer la sanidad. Según la última estadística del gasto sanitario público en España -que es de 2019, primer año del gobierno de Ayuso y antes de la pandemia- Madrid es, junto a Andalucía (ambas gobernadas por el PP) la Comunidad Autónoma que menos dinero dedica a la sanidad pública (1.340 euros por habitante, cuando la media de las Comunidades Autónomas está en 1.486), lo que se traduce en ser la última en gasto público sanitario destinado en porcentaje sobre el PIB (3,7 %, cuando la media de CCAA es de 5,6%; algunas como Extremadura o Asturias destinan el 8,6 % y el 7,6% respectivamente sobre el PIB). Además, el gasto sanitario público en servicios primarios de salud que dedica Madrid, en relación al total del gasto consolidado, es el menor de todas las CC.AA. (11,2 %, cuando la media de las comunidades es del 14,2 %).