¿Resistirán los pilares de esta sociedad democrática?

Los dos hechos que han contribuido a formular esta pregunta han sido, por una parte, todas las fisuras  de nuestra sociedad y sus instituciones, además de las debilidades de muchos grupos de la sociedad civil, que ha sacado a la luz la grave pandemia (y la deficiente gestión de la misma). Y por otra parte, la enorme diferencia entre los niveles  de riqueza y pobreza  de la población, agrandada aún más por dicha pandemia.

Entreabro la puerta de la pregunta que da título a este artículo, comenzando con el relato de un sueño que tuve anoche. Empiezo con el material más “irracional” que forman los sueños, al ser el elemento que nace de más allá de la razón y, dado su carácter metafórico, abierto a múltiples significados: Soñé que se estaba construyendo, en territorio alemán, una gran obra, sólida, pesada, costosa, en cuya construcción trabajaban un gran número de mujeres. Ese día parecía un día especial, señalado para que ese grupo de mujeres firmaran un documento que diera cuenta de que ellas habían construido una gran parte de la obra. Pero en el aire se extendía la duda de si llegarían a firmarlo, si algo grave no ocurriría en esas horas previas, que les impediría la firma.

Hasta aquí el sueño.

Nada más levantarme y rememorar este sueño, me extrañó su contenido, sobre todo el referido a “las mujeres constructoras” del proyecto, que no lograba asociar con nada. Pero inmediatamente me vino a la cabeza “Mariana Pineda”, la obra de teatro de Lorca que esa noche había emitido la 2 de TVE. Mariana Pineda fue una de las defensoras del liberalismo que luchaba contra la monarquía absolutista de Fernando VII. Siguiendo con mi metafórico sueño, Mariana no llegó a firmar la Constitución liberal; el régimen la mató. Es obvio que el papel civilizador que a lo largo de la Historia han tenido las mujeres aún está por reconocer y firmar en nuestras sociedades patriarcales.

El detalle de mi sueño de que la obra se estaba construyendo en Alemania lo asocié enseguida con la interesante película alemana que había visto la tarde anterior titulada “Enemigos. El abogado” de Nils Willbrandt. El resumen de la trama gira en torno a dos papeles, el del abogado defensor de un secuestrador de una niña y el del comisario de policía que consigue la confesión del delincuente por medios ilegales. El enfrentamiento de ambos profesionales es el del choque entre el Estado de Derecho y la emocionalidad individual o grupal que se dirige a  romperlo. El film muestra con enorme inteligencia cinematográfica la fragilidad del Estado de Derecho, sometido a presiones crecientemente peligrosas por los fascismos que renacen en diversas partes del mundo y también en Europa. Nuestro país, lo vemos diariamente, tampoco se salva.

Las dos columnas que señala mi sueño con claridad, como sostenedoras de la Europa democrática, son el reconocimiento del papel esencial de la mujer en la construcción del pasado, presente y futuro, y la Justicia como principal garante del orden establecido en las Constituciones.

Mi temor o duda sobre la fortaleza de estas dos columnas (no son las únicas pero son las que aparecen en ese día y noche narrado)  estoy seguro de que es compartido por millones de demócratas europeos.

Nuestros sueños apuntan como flechas hacia el centro de la diana de la realidad, permitiéndonos no distraernos con los miles de “bla, bla, bla”  que intentan atontarnos y desorientarnos cada día. Aunque oscuros en la forma de llevar el mensaje, en el fondo de ellos está nuestra verdad más sólida.