Educar con vicios sanos

El jueves pasado, último día de clase antes de las vacaciones de Semana Santa nos fuimos Jorge y yo a esquiar a la Covatilla con dieciséis chicas y chicos de la Casa Escuela Santiago Uno.

Con nuestras hijas hemos ido muchas veces. Pero estos chicos era la primera vez que iban. Fue muy divertido, la gente de la estación no se podían creer que siendo el primer día acabaran cogiendo el telesilla y bajando por todas las pistas.

Son muy valientes y por otro lado confían mucho en nosotros como educadores.

Puede parecer una actividad sin importancia. Pero puede ser trascendente, nos da momentos extra de terapia indirecta desde la confianza y el afecto. Ganamos terreno para luego ser eficaces impartiendo nuestras materias de clase.

Además muchos de ellos no pueden ir la Semana Santa con sus familias como tampoco pudieron ir en Navidad. A pesar de creer muchas veces que no tienen nada que perder o que no le importan a nadie siguen estudiando y trabajando por labrarse un futuro. Habíamos acabado de ganar dos medallas en unas olimpiadas de Formación Profesional y acabado los exámenes de la segunda evaluación.

Fue un día entrañable de convivencia, solidaridad entre ellos, paciencia, diversión… Cuando los profesores no se arriesgan al tú a tú con los alumnos y se magnifican tontas memorizaciones aquí nos ayudábamos simbiónticamente.

Sin pandemia habríamos estado en autobuses litera por Italia. Sí es educación compensatoria.  Abierta al mundo y a la justicia social de igualdad de oportunidades.

Cuando algunos vecinos amargados por el clasismo nos quieren enterrar. El perfil de una de las chicas dice: “Las flores no piensan en competir con las demás flores, simplemente florecen”.

Para vencer la vulnerabilidad ante las drogas de la evasión, la violencia de género del miedo al abandono, el fracaso escolar,… Buscamos momentos sanos de diversión y esfuerzo que les ayuden a creer que son importantes para el mundo.

Es posible que otros educadores necesitaran menos ratio y eso a pesar de mis limitaciones. Los educadores y profesores cada vez exigen más para ellos y menos para los chicos. Se enmascara el miedo a perder la posición de privilegio que también este gremio hemos adquirido y lo adornamos con evaluaciones inflexibles y queriendo convertir alumnos en loros enjaulados.

Pero no suelo ser pesimista e invito a compartir momentos de ocio sano con los alumnos y a impartir las materias desde el aprendizaje servicio sin poner de excusa el curriculum. Por otro lado, anuncia la ministra  dirigirnos al sistema de Finlandia  donde se aprende de la vida  y para la vida. Cosa que en Lorenzo Milani y Santiago Uno llevamos practicando desde el principio de nuestros tiempos. Mientras se pierda alguno, tenemos que seguir investigando y aumentando el compromiso.