El jorobado de Notre Dame

La revolución francesa había dejado el patrimonio eclesiástico e histórico que se había heredado de periodos anteriores en un estado lamentable, en algunos casos de ruina total El escritor Víctor Hugo consciente del gran drama, participó en diferentes iniciativas, para que la gente tomara conciencia de lo que podía suponer esa pérdida. Pero ninguna de las acciones y reuniones que mantuvo con los principales miembros de la Escuela de Bellas Artes hizo tanto por rescatar este legado como la publicación de su novela “Nuestra Señora de París”. Se publicó en 1831 y tuvo un inminente éxito. Gracias a ella, miles de lectores abrieron los ojos y se dio un nuevo impulso para recuperar estos tesoros. De hecho, en 1840, el arquitecto Viollet Le Duc dirigirá la restauración de Notre Dame durante más de veinte años. A él se deben, de hecho las famosas palabras: ¿Pero de dónde sacó Víctor Hugo a su personaje principal, Quasimodo?

Siempre se pensó que Febo y Esmeralda, eran de su creatividad. Ahora se ha encontrado un dato revelador sobre este aspecto. Henry Sibson, a su paso por Francia, año 1820, pidió trabajo y le enviaron a faenar en las obras de Notre Dame de París. Tenía, en principio, encomendado esculpir parte de la decoración de las ventanas, pero, después, debido a varios malentendidos, se le destinó a tallar las figuras más grandes. Allí conoció a una partida de escultores implicados en diversas tareas. Trabó amistad con un tal monsieur Trajin, supervisor, empleado en una de sus cuadrillas, conocido por todos por su apelativo, “monsieur le Bossu” (el jorobado) dice sobre él:Era tallador y escultor del gobierno, cuyo nombre he olvidado, ya que no tenía relación con él, todo lo que sé es que era jorobado y no le gustaba mezclarse con los otros talladores”, comentó al ser interrogado.

La descripción que hace de este imaginero es elocuente: es un individuo taciturno, con una evidente corcova, callado,  apenas le gusta mezclarse con los demás, atiende a sus tareas y permanece en silencio. Esta descripción no pasó desapercibida para Adrian Glew, que, enseguida, buscó más información y descubrió que Sibson volvería a coincidir con Trajin, con el que debió trabar cierta relación, y Le Bossu en un proyecto a las afueras de la ciudad, exactamente en Dreux. Justo en ese lugar y en esas mismas fechas Víctor Hugo estaba con su novia. ¿Habría el escritor reparado en un hombre de estas características físicas? Es posible que lo viera en esta localidad, ¿probablemente, ya se habían cruzado con anterioridad?….

Adrian Glew averiguó que el novelista estaba al tanto de las reformas de la catedral desde el principio (era uno de sus impulsores).  Lo primero que hizo fue encontrar documentación. Los especialistas le corroboraron que las cuadrillas que se habían contratado para esculpir las nuevas figuras para Notre Dame vivían en el mismo distrito que Víctor Hugo,  en una vivienda cercana a la suya. Y, por si no era poco, un almanaque de esas fechas, da, relación de los distintos profesionales para sacar adelante el proyecto de restauración de Notre Dame. Ahí figura el nombre de Trajin. Y las fechas coinciden: Víctor Hugo escribió el manuscrito de su obra entre 1828 y 1831, justo el periodo en que estas cuadrillas estaban encargadas de las obras. Pero si existe otro dato, como señala el mismo Adrian Glew, que apuntala la teoría. En una de las primeras redacciones que se conservan de su libro más famoso, Los miserables, aparece un nombre Trajean, que conserva similitudes con el capataz Trajin. Cuando se publicó esta novela, este apellido se había transformado en Jean Valjean.

Cuento

Quasimodo es uno de los personajes más emblemáticos no sólo de la literatura francesa, sino de la historia de la literatura en general, alcanzando categoría de símbolo: ahí el joven jorobado campanero de Notre Dame, expulsado de la sociedad por su fealdad y criado en la culpa y el auto desprecio por el archidiácono Claude Frollo. Aunque se han hecho muchas adaptaciones cinematográficas de la novela de Víctor Hugo, quizá la que con más popular ha sido la película de Disney, estrenada en 1996.

 Como sucede siempre en las versiones de animación para niños, el relato genuino está adulterado y edulcorado para que no resulte demasiado crudo: recuerden  los que he destripado para ustedes mostrando lo que se oculta tras el caramelo en cada cuento que nos leía nuestra  cuando nos íbamos a la cama madre o nosotros mismos.

Nuestra Señora de París no podía ser menos. En la novela se caen algunos mitos, o, mejor dicho, se dibuja a los personajes de forma más compleja, donde casi nadie es del todo santo ni del todo diablo. Quasimodo, por ejemplo, no exhibe siempre la nobleza de la que hace gala en la película. Además, en el texto se ha quedado medio sordo por el rugir de las campanas, por eso apenas tiene diálogos: sólo se comunicaba con Esmeralda, que tenía la capacidad de leerle los labios.

El primer encuentro entre estos dos protagonistas no fue en realidad en una obra callejera donde ella baila y él queda prendado, sino en un callejón oscuro, donde Frollo y Quasimodo fueron a agredirla -por orden del primero-. Suerte que llega la guardia de la ciudad y los detienen. Tampoco Frollo es un juez, sino un archidiácono, y el capitán Febo, el militar del que la gitana se enamora… éste no la corresponde, más bien la utiliza. No es ese héroe honroso que en el filme acaba mereciendo el amor de la bella Esmeralda

Febo y Esmeralda llegan a tener una relación, muy superficial: comienza cuando él la salva de la mencionada agresión de Frollo y Quasimodo, pero en realidad sus planes pasan por conquistar a otra chica y desposarse con ella. Es Esmeralda la que siente amor, sin ser correspondida. No obstante, este pequeño affaire  provoca los celos del malévolo Frollo, quien los persigue hasta una íntima habitación y apuñala a Febo por la espalda, enfermo de obsesión por la gitana, a la que amaba y detestaba a la vez. También consigue que a Esmeralda la sometan a juicio público por brujería, acusándola por la ¿muerte? de Febo. La condena es quemarla viva en la plaza. Si no era para él, no sería para nadie. Machista  ¿verdad? La maté porque era mía.

Cuando llega el momento de ejecutar la pena, aparece Febo, que nunca estuvo muerto: se recuperó de la estocada y se fue de la ciudad un tiempo, sin embargo, no hace nada para defender a Esmeralda ni da la cara por su inocencia. Es Quasimodo quien irrumpe en la escena para rescatarla y la “acoge a sagrado”, es decir, la lleva a Notre Dame para que no puedan ir a por ella. Al final, Esmeralda es raptada por Frollo, quien la entrega a la “justicia”: fue ahorcada en la plaza, volviendo a ser negada por Febo. Dijo que ni siquiera la conocía. Lo mismo que Pedro hizo con Jesús.

En el libro, Quasimodo busca venganza y tira al archidiácono desde una torre de la catedral. Después va al encuentro de su amada Esmeralda, ya muerta, y se deja morir de hambre junto a ella. Pasados los años encuentran sus cadáveres abrazados. Por su parte, el único que sale victorioso es Febo: se casó con la mujer que le gustaba y fue feliz. El final de la película de Disney, como muchos recordarán, es muy distinto: igualmente Quasimodo se enfrenta a Frollo, pero Esmeralda y él mismo acaban sobreviviendo, como amigos. El jorobado acepta que la gitana ame al militar Febo. ¿Qué gana él? La aceptación de los ciudadanos de París. Una vida en libertad.

La madre de Esmeralda, acaba muriendo, intentando defender la inocencia de a su hija de la tiránica justicia. Lo cierto es que, con todo, Disney dibuja a su modo una película para niños realmente oscura, con escenas de corte muy adulto, como, por ejemplo, la canción Fuego infernal, en la que Frollo desvela su pasión secreta y loca por Esmeralda. 

Ganaba el guapo, le quedó el aprecio del pueblo… pero no el deseo de una mujer.