El teatro y su día

 

Mensaje del Día Mundial del Teatro

27 de marzo de 2021

Qué periodo tan difícil para el mundo del espectáculo, para todos los artistas, técnicos, tramoyistas y para las mujeres que han luchado por esta profesión tan estigmatizada por la inseguridad económica.

Puede ser que esta situación de inseguridad permanente les haya vuelto más fuertes para poder sobrevivir esta pandemia con dignidad.

Su imaginación ha sido traducida en estas nuevas circunstancias en formas de comunicar, inventivas, imaginativas, conmovedoras, todo esto por supuesto gracias a Internet.

Los seres humanos se cuentan historias desde tiempos muy remotos, desde que existimos en el planeta.

La maravillosa cultura del teatro vivirá mientras habitemos la Tierra.

La impulsión creativa de los escritores, de los diseñadores, de los cantantes, de los actores, de los músicos y de los directores, no será jamás estrangulada y en un futuro muy cercano se desarrollará otra vez con fuerza y con una nueva manera de ver el mundo.

¡Estoy ansiosa!

Helen Mirren, actriz

 

PRIMER ACTO. El Instituto Internacional del Teatro ha encargado este año escribir el Manifiesto del Día Mundial del Teatro -que se celebra hoy, 27 de marzo-, a la magnífica actriz inglesa Helen Mirren. Ese manifiesto, que se leerá en multitud de organismos, bibliotecas, foros, salas y escenarios de todo el mundo, destaca en esta ocasión por su contenido escaso y trivial, lo que contrasta enormemente con el prestigio y la calidad profesional de su autora. Esto sucede, sin duda, debido a las servidumbres de ciertas celebraciones y ciertas entidades, atentas solo al nombre y la fecha, pendientes de la popularidad y la nombradía para el éxito de la celebración de un día, en el que la lectura del Manifiesto y la consabida fanfarria anual en centros de enseñanza y otros ámbitos, con performances seudoteatrales e infantiloides, y las repetidas y ceremoniosas loas vacías al arte de Talía por parte de políticos, enseñantes y otros colonizadores de la Cultura, suelen colmar las preocupaciones oficiales, acotan las inquietudes gubernamentales y parecen bastar en los programas educativos de todos los niveles, pero nunca alcanzan las auténticas y reales necesidades del Teatro.

SEGUNDO ACTO. El rosario de quejas por las carencias siempre insatisfechas del Teatro, más en este tiempo de desvarío, sería casi interminable. Podría bastar, para empezar a renacer, considerar el Teatro como un hecho cultural que requiere que se respete la libertad creativa de sus oficiantes. Eso nunca será posible porque esa desconsideración es una de las partes más mezquinas de la colonización política de la Cultura: obstaculizar la creatividad y el talento, apropiárselos, condicionarlos, censurarlos, ningunearlos...  

TERCER ACTO. Hagamos un mutis aquí y suspendamos la queja. Celebremos, si eso hay que hacer, el Día Mundial del Teatro. Vayamos, si podemos, al teatro. Y, en estas líneas, leamos Teatro:

“SARTRE.-  No se trabaja en el teatro para ganarse la vida. Se trabaja para mentir, para mentirse a sí mismo, para ser lo que no se puede ser, y porque está uno harto de ser lo que es. Representa uno para no conocerse y porque se conoce uno demasiado. Se hacen papeles de héroe porque es uno cobarde, y papeles de santo porque es un malvado; se hace de asesino porque se muere uno de ganas de matar al prójimo;  se representa porque es uno embustero de nacimiento, porque se ama la verdad y se la detesta. Representa uno, porque si no representase, enloquecería. Hacer papeles ¿Cuándo sé yo si estoy o no haciendo un papel? ¿Hay un solo momento en que deje de hacer un papel?  De Sartreana, Etón Teatro.

TELÓN