Primavera y vida

La primavera preanuncia nueva vida

Ya llegó la primavera. Ya se quedó atrás el invierno. El próximo domingo, domingo de Ramos por cierto, cambiaremos nuestros relojes al horario de verano, con el esfuerzo de tener que adaptarnos a la reducción del tiempo de dormir en los primeros días.

Siempre es grato vivir y contar las impresiones de la llegada de la primavera: árboles que florecen y muestran las primeras hojas, flores que se muestran en nuestros patios y en nuestros campos, pájaros que dejan oír sus trinos y sus cantos…

Aunque no falten todavía algunos fríos invernales. Pero la primavera nos trae y nos promete nueva vida, augurando un verano cargado de sabrosos frutos, si es que el frío no acaba con todas las flores aún recientemente abiertas en muchos casos.

La primavera preanuncia nueva vida. Por eso, aunque no haya sido previsto expresamente, es una feliz coincidencia que cuatro días después de la llegada de la primavera, se celebre el Día Universal de la Defensa y Promoción de la Vida. Es una jornada promovida por la Iglesia Católica, y que se hace coincidir, el día 25 de marzo, con la fiesta de la Encarnación de Jesús, el Hijo de Dios, en el seno de la Virgen María, contando con el anuncio del arcángel San Gabriel que, en nombre de Dios, le anunció el proyecto de ofrecerle concebir virginalmente al que iba a traer la vida al mundo, dando su propia vida en el suplicio de la Cruz, según los cristianos celebraremos en los próximos días de Semana Santa.

Se trata de la promoción de la vida en todos los aspectos en los que ésta se manifiesta. Por supuesto la vida humana, desde el primer momento de su concepción, descartando por tanto el aborto, y hasta el final natural de la misma vida, y por tanto evitando decididamente la práctica de la eutanasia o el suicidio asistido.

Y, desde luego, promoviendo todo aquello que contribuya a una vida humana digna, como es la atención sanitaria para todos, la alimentación suficiente, la vivienda necesaria, la educación básica y universal.

El hecho de que Dios haya querido hacerse hombre para darnos a nosotros la oportunidad de hacernos hijos de Dios, muestra la gran dignidad en que nos tiene el mismo creador y promotor de la fraternidad humana.

La promoción de la vida abarca también a las plantas, a los árboles y a los mismos bosques. Y, por supuesto, alcanza también a todos los animales, incluido el hermano lobo, como diría el gran San Francisco. En estos momentos, hay por todo el mundo multitud de grupos cristianos comprometidos con la defensa de la naturaleza.

Las diócesis ahora suelen tener alguna comisión de defensa y promoción de la vida. La humana y todas las demás manifestaciones de la misma.

La Iglesia Católica condena todo tipo de atentado contra la vida, tanto humana como de la naturaleza. Sobre todo las persecuciones por razón de la creencia religiosa. Secuestros, asesinatos, trata de personas, abusos sexuales; guerras; atentados contra la naturaleza, como vertidos contaminantes, contaminación con gases dañinos, desertización de países pobres, deshechos de máquinas y plásticos, etc., etc., etc.

Viva la vida. Para todos y para todo el medio ambiente. Y con dignidad, sobre todo.