Humanoides

Este mirador provinciano está confuso, estupefacto por las noticias que llegan a sus oídos. Por una parte le dicen que no se puede matar a los lobos y, por otra, oye que se puede matar a los hombres. Lo que le confunde es que están haciendo leyes para una y otra cosa, y los que hacen esas leyes son los mismos.

Y, buscando y rebuscando motivos y razones, mi corto entendimiento para estas cosas no alcanza a dar ninguna razón de peso, sobre todo para el hecho de que sean los mismos los que hacen una y otra ley. Y ya no es que haya encontrado una razón, pero sí tengo la sospecha de que estos señores, que, más que gobernar, lo que quieren es dominar la sociedad, no le interesan ni los lobos ni los hombres. Lo que les interesa son ellos mismos. Y se lo creen y dicen: sí, señor, aquí estoy yo, que soy un “supersuperprogre”, y he superado al “superhombre”; y ahí os quedáis vosotros, pobrecillos humanoides, porque yo voy a  asaltar el cielo.