Ciudad Rodrigo al día

¡Pausa!

Como en cualquier aspecto de nuestra vida, considero que no importa tanto la cantidad como la calidad, bien sea de sueño o de vida activa

El otro día leí que nos pasamos un tercio de nuestra vida durmiendo. Me eché a reír a carcajada limpia, pero a los pocos segundos una bofetada de realidad invadió todo mi ser, devolviendo a mi cerebro esa verdad que él se negaba a admitir.

Tiene sentido pensar que si las personas dormimos una media de ocho horas diarias y los días tienen un total del veinticuatro, eso supone que vivimos un tercio en el mundo de los sueños. Si extrapolamos esa cantidad a una media de noventa años, tenemos un resultado claro. Treinta de sueño por sesenta de vida. Por supuesto hablo siempre de cifras aproximadas. Especímenes como yo bajarían mucho la media de sueño, incrementando las horas “vividas” una barbaridad. En mi caso el reparto podría asemejarse más a un setenta y cinco frente a un veinticinco (en el mejor de los casos).

¿Dónde quiero llegar con todos estos numerajos? Bien simple. Como en cualquier aspecto de nuestra vida, considero que no importa tanto la cantidad como la calidad, bien sea de sueño o de vida activa. Nos movemos en un mundo donde el estrés forma parte de nuestros días, estableciendo con nosotros un baile del que muchas veces salimos mal parados. La sociedad materialista hacia la que hemos evolucionado nos aprieta día sí, día también, obligándonos a trabajar más horas, a viajar de un sitio para otro con el cronómetro pisando nuestros talones o a comer rápido (y mal) para poder llegar a mil y un compromisos que nos van surgiendo o simplemente buscamos nosotros mismos. Y para colmo, si todo lo anterior se nos antoja escaso, llega el Covid y nos despoja de lo poquito que nos quedaba del aspecto emocional, de ese cariño que hace que el temible reloj se pare, permitiéndonos VIVIR en mayúsculas, en calma, sin miedos ni prisas.

Hoy no te pido que me cuentes tu opinión sobre la maniobra política de turno, ni quiero conocer tus pensamientos de tal vacuna o de ciertas declaraciones. No, hoy no.
Sí quiero que te detengas. Por una sola vez, ¡hazlo! Párate, cierra los ojos y respira. Tú eres antes que todo lo demás. Valora los pequeños detalles, aquello que te proporcione tranquilidad verdadera. Todo el mundo tenemos un límite y quizá no lo sintamos hasta que este nos rebose por cada poro. Lee en silencio, disfruta de tu pareja, de tus amigos, familiares… todos ellos te proporcionarán una felicidad plena. ¿Hace cuánto no disfrutas del simple silencio? No estamos obligados a hacer, hacer y hacer todo el rato. También es necesario ese descanso.


Hay veces que es obligatorio decir basta, tirar el reloj contra el suelo y pisotear las maltrechas agujas. A mí me ha costado veintiséis años de mi vida darme cuenta, pero dicen que nunca es tarde si la dicha es buena.

Este artículo es la forma que tengo de contaros mi caso, mis problemas, mis miserias en definitiva. No sé si todo lo que acabo de poner os afecta a vosotros, pero a mí sí. Mucho.

Hoy me vuelvo a desnudar ante vosotros, presentándoos a un viejo amigo, también mi peor enemigo: el tiempo.

Es cierto que todo el trabajo realizado me ha llevado hasta aquí, hasta este punto. Miro atrás y veo actividad, ajetreo, cansancio, felicidad descafeinada por momentos, logros a la mitad, prisas, compromisos, tiempo que se escapa entre mis dedos como el niño que intenta, con todas sus fuerzas, que la suave arena permanezca en sus manos sin huir.

Hasta hoy he mantenido mi porcentaje vital desvirtuado. Hoy traigo un propósito personal, que me gustaría que aplicaras a tu vida si te sientes identificado/a. Es hora de modificar el porcentaje y alcanzar esos treinta años de descanso (o al menos acercarnos a ellos).

Todo el mundo decimos “pausa” algún día. Yo hoy no lo digo, lo grito: “¡PAUSA!”.

Nos leemos el próximo domingo por aquí, o hasta entonces en Instagram (@rubenjuy) y en Facebook (Rubén Juy).