Igualdad de derechos y oportunidades 

Cuando aún se oyen los ecos por la celebración del Día de la Mujer y coincidiendo con la oportunidad temporal, quiero dedicar esta columna a ese ser querido y humano, nacido igual que su homólogo masculino, pero que con demasiada frecuencia la vida le depara caminos, funciones y consideraciones distintas, muchas veces en detrimento de su valía y de su manifiesta igualdad. Vaya pues por delante mi reconocimiento a todas las mujeres que, dentro o fuera del feminismo, han construido la historia de forma silenciosa y abnegada.

Investigaciones arqueológicas realizadas ponen de manifiesto que hace unos 5.000 años, las mujeres tuvieron un papel fundamental en la formación de la civilización Caral, primera civilización de América y una de las primeras del mundo. Las mujeres hacían aportaciones fundamentales en el ámbito familiar, económico y social. Con funciones relevantes tanto en la organización sociopolítica, económica y religiosa, al igual que el hombre. Ambos gozaban del mismo respeto y acceso a las diversas posiciones sociales, políticas y religiosas en equidad.

El paso de los tiempos vino en detrimento y en el Antiguo Régimen la desigualdad jurídica y real era la norma de aquella sociedad dividida por estamentos. En el caso de las mujeres, se le añadía el que su función social estaba circunscrita a lo doméstico, las labores de la casa, la procreación y el cuidado de los hijos. Así como su subordinación legal al hombre, padre o esposo.

La Revolución Francesa (1789) y las sucesivas revoluciones liberal, plantearon como objetivo central la consecución de la igualdad jurídica, las libertades y derechos políticos. Pero pronto se puso de manifiesto que los “Derechos del Hombre y del Ciudadano”, aquello de que todos los ciudadanos nacen libres e iguales ante la ley, no se refería al conjunto de los seres humanos.

Ante tal despropósito, tanto en Europa Occidental como en Norteamérica, se inició un movimiento feminista, convertido en una de las manifestaciones históricas más significativas de la lucha social, emprendida por las mujeres para conseguir la igualdad de derechos y oportunidades. Aunque la movilización a favor del voto fue, inicialmente, uno de sus ejes principales, no puede equipararse sufragismo y feminismo. La base reivindicativa de este último, también exige demandas sociales y de empoderamiento de la mujer.  

¿Por qué se celebra el Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo? Algunos dicen que es para conmemorar el lamentable suceso por el que se quemó una fábrica textil en 1911 Nueva York. Murieron abrasadas en su interior más de un centenar de trabajadoras que habían iniciado una huelga por las condiciones insoportables del trabajo. Lo cierto es que, si analizamos aquellos tiempos de finales del siglo XIX y principios del XX, en plena Revolución Industrial, encontramos un ambiente de trabajo muy duro, deplorable en el cual se dio más de un acontecimiento histórico. No está claro cuál de ellos fue el más determinante para la designación de la fecha citada.

La lucha feminista ya se había puesto en marcha en marzo de 1857, cuando las trabajadoras de las fábricas se echaron masivamente a la calle, para protestar por las duras condiciones laborales, pésimas y precarias que se cebaban especialmente en las mujeres, cuyos salarios eran la mitad que el de los hombres. La protesta fue reprimida violentamente y gracias a su gran repercusión sentó un primer precedente de reivindicación.

La Segunda Revolución Industrial, iniciada en la década de 1870, junto con los cambios, políticos y sociales, provocaron una clara aceleración del movimiento feminista en el último tercio del siglo XIX. Estos cambios condicionaron el mayor protagonismo y seguimiento del feminismo en los países más desarrollados.

En 1907 se celebró en Stuttgart, Alemania, la primera Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, liderada por Clara Zetkin, en ella se fundó la Internacional Socialista de Mujeres. Entre los primeros objetivos de la lucha por la igualdad que perseguían estaba el sufragio, el derecho al voto femenino.

La huelga de 1908 de las trabajadoras del textil en Nueva York, pasó a la historia por su dureza, junto con la de 1857 antes citada. En 1909, una organización de Mujeres Socialista celebró en Nueva York y Chicago el primer Día Internacional de la Mujer, con una marcha que reunió en torno a 15.000 mujeres.

El segundo encuentro Internacional Socialista de Mujeres tuvo lugar en 1910, en Copenhague, Dinamarca. Allí se propuso fijar un día simbólico, entorno al 8 de marzo, para reivindicar los derechos de todas las mujeres y, especialmente, el derecho al voto. En el 2011 se celebró por primera vez el Día Internacional de la Mujer.

Los muchos y grandes conflictos que se fueron sucediendo a lo largo del siglo XX contribuyeron a afianzar el papel de la mujer. Sus organizaciones se fueron extendiendo. Muchos países se fueron sumando a las reivindicaciones a lo largo del mes de marzo, hasta que en 1975 la ONU lo reconociera de manera oficial como el Día señalado.

La lucha por los derechos de la mujer es un esfuerzo prolongado en el tiempo que no se acaba en el día 8 de marzo escogido para su celebración. Es una lucha de conjunto, de todos. Todavía queda mucho camino por andar hasta alcanzar la igualdad real de derechos y oportunidades, pero es preciso avanzar hacia ella. Porque cuando avanza la mujer avanzamos todos. La igualdad comienza con un compromiso personal que lleva a una responsabilidad colectiva en la lucha por los derechos para sí y para las generaciones venideras.

Escuchemos a Diego Torres en  Iguales

                                                                                                        Aguadero@acta.es