Ciudad Rodrigo al día

El oso de la catedral, una leyenda de rabiosa actualidad

El joven aguardó paciente oculto tras su escudo; poco a poco comenzó a notar cercana la presencia de la fuerza destructora

Hay en el exterior de la catedral de Ciudad Rodrigo un relieve en la parte alta del templo, que da hacia la plazuela de Amayuelas, en el que se representa a un personaje que, espada en mano, acomete y atraviesa a una bestia feroz. El vulgo ha identificado dicho relieve con una leyenda: la del oso de la catedral.

Oí por primera vez esta fabulosa narración siendo niño de boca de mi maestro, don Antonio Fernández Retamar. La historia hace referencia a la tardanza en ejecutar las obras de la seo civitatense, debido a que lo construido por el día era destruido por la noche. La gente, extrañada, se preguntó qué causa producía el derrumbe de lo levantado, aunque pronto lo asociaron a las fuerzas del mal, pues cuando la ciudad dormía, en el entorno de la catedral comenzaban a oírse grandes gruñidos, que muchos identificaban de origen infernal. Un osado joven trató de averiguar la procedencia de aquellos y una noche aguardó, espada en mano, la llegada de las tinieblas. Con estas comenzaron a oírse los gruñidos, y a continuación los ruidos que hacían los andamios al caer, así como el desmoronamiento de buena parte de la fábrica levantada la jornada anterior.

El joven aguardó paciente oculto tras su escudo; poco a poco comenzó a notar cercana la presencia de la fuerza destructora. Cuando entendió que esta estaba muy próxima, se abalanzó sobre ella y, con fuerza, la atravesó varias veces con su espada. A la mañana siguiente los obreros de la catedral y los primeros curiosos que se acercaron encontraron muerto, a los pies del templo, no un demonio, sino enorme oso envuelto en un cerco de sangre.

A partir de ese día las obras continuaron sin más sobresaltos y la catedral pudo ser terminada, eso sí, con la ayuda de pingües rentas que los señores reyes dotaron al templo para su fábrica.


La leyenda del oso de la catedral de Ciudad Rodrigo es de contenido similar a la del maligno topo de la catedral de León. Aquí, el animal minaba el suelo durante la noche, de modo que se iba derrumbando lo que los canteros habían construido por el día; hasta que lograron cazarlo y darle muerte.

En realidad, si se observa bien la figura del alto relieve de la catedral civitatense, se comprobará que el animal representado no se trata de un oso, sino de una especie de monstruo de otra naturaleza, sacada posiblemente de los bestiarios medievales. Quizás pudiéramos estar ante un relieve que hiciera referencia a la iconografía de San Jorge y el dragón. En cualquier caso, la representación de ambas figuras en el exterior del templo habría que interpretarla bajo la simbología de la lucha del bien contra el mal, encarnada en el personaje que sostiene el arma -lanza o espada- (el bien) y hace frente a la bestia (el mal). Entre ambos se interpone un escudo, que sirve de parapeto o protección al avance de la bestia. Así, el caballero es el defensor de iglesia de Cristo, que libera a esta de posibles peligros y repele todo lo que es nocivo.

En la situación actual que atraviesa la diócesis de Ciudad Rodrigo -bajo los temores de ser absorbida o tutelada por Salamanca- el relieve adquiere una especial significación. La bestia son las fuerzas que operan por la destrucción, desaparición o sumisión del obispado, mientras que el miles -soldado o caballero- que empuña el arma y con ella hiere de muerte a la fiera, encarnaría la voluntad de todo el pueblo, que se erige en su propio defensor frente las fuerzas malignas que le acosan.