El Rey y yo

El reinado de Juan Carlos I era un recuerdo del primer periodo “histórico” que me tocó vivir completito. Hoy ya no sé qué es.

Con Atocha siempre en el recuerdo...

Nací por las épocas en las que empezó a “aparecer”, porque Franco lo “designó” y, por lo mismo, nadie daba entonces un duro –de los que todavía llevaban la cara del dictador– por “el Juancar”, “el Borbón” o “el breve”.

Tiene gracia que el calificativo siga usándose hoy, actualizado.

No me quiero ir por las ramas; vuelvo a la crónica de una nostalgia, o varias: tengo recuerdos del 75, del Franco de blanco y negro y el Rey en color –recuerdo verdes, rosas, azules…–, en el Congreso; me acuerdo también de aquel discurso de investidura impreso en el mismo papel y casi con los mismos colores que el testamento de Franco; el del Rey duró más como póster…

Remembranzas de esos años infantiles y adolescentes: ver a los Reyes en el balcón de la Plaza Mayor en la que, imagino, fue su primera visita; verlos, “de muy cerquita”, una vez en el Fonseca, porque ahí hacían parada y fonda –de caché–. Y el helicóptero, de esos no se veían/oían por Salamanca a menudo.

Además, ese rey joven y de buena presencia, con prestancia pero campechano, era padre de, entre otros, un “chaval de mi edad” que, por lo mismo, salvando todas las distancias que se quieran, recorrió, como yo, caminos con alguna similitud, hasta lo de salir –él a estudiar, a empezar su “carrera de rey”; yo después, a buscarme la vida–.

Cuento estas cosas porque el tiempo es memoria: y yo recuerdo “todo” el reinado de Juan Carlos I porque yo en 1975 ya era mayorcito –siete años–; y en 2014, después de casi 40 años, ya era… mexicano.

Pero no solo recuerdo: sigo sin entender por qué tantos años de “no se podía hablar”, y qué pasó para que después ya se pudiera; me siguen enervando comentarios, en ambas orillas, acerca de que a ver si los españoles, y las españolas, claro, “llegan por fin a la democracia plena”; disculpen el calentón: aunque soy racionalmente republicano –es decir, si lo razono, por supuesto que creo que nadie puede ser jefe de estado por ser hijo de…–, también sé que, por ejemplo, en México el presidente –y el de ahora más– es, en muchos sentidos, más rey que el Rey…  Aunque lo cambien cada 6 años.

Desde luego, las últimas noticias relacionadas con el Rey no ayudan en nada; también sé que todo cambia, me lo dijo Mercedes Sosa, pero el tonito entre perdonavidas y apocalíptico –gajes de la época tuitera, es imposible razonar a #hashtagazos/#etiquetazos– pues tampoco; pidamos república, bien, pero reconociendo que, en España, la monarquía, con todo y esos defectos “de los que no se podía hablar”, sirvió de camino –hubiera habido otros, por supuesto– para una democracia “bastante” decente –y plena– y un país del que me siento razonablemente orgulloso. Un país al que, desde lejos, sigo intentando aportar…

Como hago con este en el que vivo, que también es mi país.…

 

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