Inflorescencias programadas 

La primavera no espera y desespera a lo queda del invierno. Y siempre queda algo del invierno en la despensa estacional. Algún recuerdo aislado materializado en ráfagas que ondulan y doblan los débiles tallos herbáceos. La primavera se construye allí donde crece una flor, por más desapercibidos que pasen sus pétalos.

Afortunadamente, ya he dado el tema de plantas en biología. Y, por supuesto, ya me han dado el examen correspondiente. Sinceramente, con lo que a mí me gustan las plantas y con las ganas que tenía de dar este tema, la nota ha sido algo decepcionante y descafeinada. Quizás no sé explicar las reacciones a nivel atómico que generan la apertura de los estomas, pero he aprendido otras cosas mucho más bonitas y generales que puedo aplicar directamente al ver unas flores. Un ejemplo es la palabra “inflorescencia”. Una inflorescencia es la disposición que tienen las flores sobre los tallos o las ramas y se puede clasificar en varios tipos (racimo, espiga, capítulo). Mi hermana ya me había “instruido” en botánica con anterioridad sin mucho éxito y no ha sido hasta hace escasas semanas que se ha despertado mi interés por las plantas. He pasado de ignorarlas por completo a llevar el móvil preparado para fotografiarlas a todas. Y es que el mundo oculto de las flores es cuanto menos interesante. Ya el simple hecho de conocer sus características principales es enriquecedor y te ayuda a comprender las pinceladas delicadas trazadas con esmero por la naturaleza. ¡Qué bonitas esas dicotiledóneas! ¡Qué porte, qué colores tiene la corola! ¡Y mira la posición de los estambres! Si lo realmente difícil de estar frente a una flor es la alergia al polen, ahora con las mascarillas se acabaron las excusas. Es momento de darnos cuenta de las joyas vegetales que florecen con discreción y sin programación. También de los vecinos más añejos, como los almendros y cerezos que ornamentan sus ramas paulatinamente y las tiñen con tonos rosados y pálidos a partes iguales. Siempre sorprenden sus inflorescencias fortuitas despeinadas con las brisas. La mejor forma de describirlos es con unos versos del grupo “La Buena Vida” que dicen así: “Parece que somos como fuegos artificiales, vamos a brillar tan solo un instante”. Las copas de estos árboles son fuegos artificiales. Explotan y refulgen con sus flores efímeramente. Brillan así, un instante para el mundo y una eternidad para el recuerdo. Y tras ello, desaparecen hasta la próxima floración.

Es una pena que las inflorescencias se hayan desprogramado desfasadamente y justamente ahora es cuando estén más bonitos los narcisos, las violetas o las prímulas (estos nombres me los ha chivado Don Google). Justo ahora que no puedo disfrutarlas decentemente porque parece que son más importantes unos exámenes que el verdadero aprendizaje. Gracias por nada, sistema educativo.