Ejemplos situando al peatón en el centro de las políticas de movilidad.

A comienzos de enero del pasado año comentaba la noticia, de alguna semana antes, de la reforma del cruce de la Calle de Álvaro Gil con la Avenida de Italia para mejorar la seguridad. Casualmente también recibimos por entonces, como ahora, pajaritas azules recompensando al Ayuntamiento por el reciclaje de papel y cartón realizado por la ciudadanía. 13 meses después acaban de poner semáforos en los 3 pasos de peatones de la Avenida de Italia sin ellos. Indudablemente es muy laborioso colocar estas señales luminosas de tráfico. Además, en breve se supone, reformaran la Calle de Álvaro Gil.

Foto oficial del concejal cerca de la esquina de la Avenida de Italia con Álvaro Gil. Más atrás el paso de peatones semaforizado. Lo único positivo es que queda a la puerta de un supermercado, será para compensar al que dejaron sin él en la Avenida de Portugal.

Lastimosamente se confirma la incapacidad municipal por entender la movilidad sostenible y lo de situar al peatón en el centro de las políticas de movilidad. Nada nuevo por otra parte. En este caso sigo sin ver necesario semaforizar todos los pasos, felizmente sin pulsador de momento. Generan esperas para los peatones que con frecuencia los convierte en inútiles. Mejor sería levantarlos a la altura de la acera, obligando a reducir la velocidad de los vehículos y permitir un paso libre seguro. La próxima semana adecuaran su accesibilidad, pero no parece vayan a reducir el ancho de la calzada pavimentando como acera el trozo de banda de aparcamiento que pierde ese uso. Otra recomendación más de apuesta por el peatón desatendida.

En esta foto el nuevo paso quedaría a la altura del morro del coche más cercano al peatón que cruza la Avenida de Italia.

En el cruce de la Calle de Álvaro Gil con la Avenida de Italia de los cuatro posibles pasos, dos de ellos tienen semáforos desde hace años. Quedan otros dos, pero surge un conflicto con el coche cuando giran a la otra calle. Y ante la duda por supuesto eligen a ese. Por fin se pone en la Avenida de Italia el que falta, según la nota municipal haciendo “el desplazamiento en unos metros del paso de peatones más próximo a la calle Antonio Espinosa, para facilitar la incorporación de los vehículos”. A más de 10 metros del camino natural dando continuidad a Álvaro Gil. Para el otro, cruzando esta calle, unas vallas y así los díscolos caminantes darán el correspondiente largo rodeo.

Arriba la línea amarilla que ha sobrevivido años, desde la última vez que circularon autobuses urbanos por aquí, parece haber servido de guía para estrechar la acera. Debajo los operarios de amarillo junto al quiosco parecen confirmarlo.

Mientras en la Plaza de Colon, Calle de Juan de la Fuente, están eliminando el adoquín en la calle. De paso adecuan el cruce con la Calle de San Pablo al giro de los autobuses urbanos, para permitir su vuelta por aquí tras muchos años. Esto supone, en una nueva apuesta por el peatón, estrechar una acera a dimensiones conflictivas con la legislación de accesibilidad. Tampoco es una novedad precisamente.

Para rematar, en la Calle de Ramón y Cajal colocan una pequeña banda de jardín en la acera. Suena a experimento, es la “estrella” del proyecto Life-Vía de la Plata y aparecerá en otras calles del centro. Fue algo frecuente en zonas modernas de la ciudad, en retroceso tras su conversión en demasiados casos en estercoleros. Si se hace en una calle peatonal, simplemente es discutible como todo. El problema está en calles con tráfico (situación actual del “ensayo”) donde compartimentan el espacio para caminar y lo reducen. En este caso al menos surge la esperanza del próximo cierre al coche de esta calle. Incluso soñar con la de San Pablo, a pesar de la vuelta de los autobuses, por estar incluida en el Life, reduciendo así el impacto negativo en su movilidad peatonal.

¿Alegoría de la relación del Ayuntamiento con la movilidad sostenible?