#8M 2021

La única manifestación que se prohíbe.

A lo largo de este año de pandemia se han convocado manifestaciones de todo tipo: negacionistas sin mascarillas, por la libertad con cacerolas, por la hostelería, por los autónomos, por la escuela concertada... y hasta por los toreros, que digo yo que lo mismo no tienen otro año para manifestarse.

Todas permitidas, como no puede ser de otra forma, según nuestras leyes. Salvo la feminista. Lo que molesta entonces ¿son las manifestaciones o es el feminismo?

 

En muchas ciudades no se han convocado concentraciones, precisamente porque las mujeres somos responsables. 

Y sosmo responsables, aunque solo fuera por la cuenta que nos tiene: que no se le olvide a nadie, que nosotras somos las principales cuidadoras en nuestros hogares. Y en las casas ajenas, también somos mujeres en la mayoría de ellas, quienes nos ocupamos de menores, de personas mayores y del resto de dependientes. Así que sí, nos interesa ser responsables y no poner en peligro de contagio a nadie.

Y en las ciudades en las que se pensaba convocar, se iba a hacer con todas las medidas de seguridad exigidas legalmente y con alguna medida extra, precisamente por eso, porque las mujeres de responsabilidad, vamos sobradas. Y de imaginación también, somos capaces de encontrar mil y una maneras de reivindicar nuestros derechos sin poner en peligro a nadie.

Pero la extrema derecha machista ha puesto el grito en el cielo y ha lanzado una frase “gloriosa”: “Si eres buena mujer quédate en casa”. No han añadido lo de “atada a la cama y con la pata quebrá”, porque ya saldría mucho de ojo.

Y han ganado.

Otra vez.

Y luego la gente dice que en España no hace falta el feminismo porque los derechos de las mujeres se respetan. Pues ahí va otro que tampoco se respeta: el derecho a manifestación. 

Es un derecho “sagrado” incluso en tiempos de pandemia, salvo que lo que se reivindique sean los derechos de la mujer. Ahí ya no hay tutía ni hay tutatis. Los derechos de las mujeres, por lo visto, no son tan fundamentales. Seguimos siendo ciudadanas de segunda.

Y todavía hay quien asegura que en España no hace falta el feminismo. No, claro, aquí tenemos la enésima prueba. Y desgraciadamente, tampoco será la última