Fútbol: Ganar con la cabeza

            Hablando de fútbol en tertulias de “hooligans” siempre aparecerá que la mejor táctica posible para ganar los partidos es la de las TRES CES: “¡Cojones, cojones y cojones…!”. Siempre fue muy valorada sin darnos cuenta que el contrario puede poner tantas “gonadas” como tú en la disputa del juego. Lo que pasa es que hay que adaptarse a los tiempos y en épocas más igualitarias no podemos olvidarnos en absoluto de la táctica de las TRES OS: “¡Ovarios, ovarios y ovarios…!”. Pero, fuera de la palabrería más o menos contundente al menos de palabrería, el buen fútbol debe jugarse con inteligencia más que con los pies.  Aunque aún la mayoría de aficionados se pronuncien a favor de la “calistenia” y menos hacia las planificaciones sutiles en pos del juego táctico y estrategia. Cuestión de orientación vital.

En Europa nos creemos que están los mejores entrenadores, simplemente porque los vemos actuar a diario en la “BundesLiga”, “Premier”, “Calcio”, “La 1”, “La Liga”, etc. Y sabemos, en boceto, como actúa Mourinho, Löw, Kloop, Guardiola, Tuchel, Flick, Simeone o Zidane… Sin embargo, constituyó para mí una sorpresa cuando leí un libro de Matías Navarro que nos ilustra sobre el entrenador argentino Gallardo. Y me encontré con ideas que yo mismo he alentado algunas otras veces, o sea, el humanismo y el entrenamiento mental. “El punto mental es sumamente importante. Es clave entrenar la concentración y ejercitarse para achicar márgenes de error a través de la neurociencia”. El matiz fundamental se distingue el entrenamiento psicológico propiamente dicho del entrenamiento funcional del cerebro del deportista como órgano factible de entrenarse.

            El aficionado medio piensa que el jugador debe ser instruido por el entrenador en los mínimos detalles y que cuando falla es porque el entrenador “no se lo dijo”. Más bien se piensa que el entrenador es un manipulador de jugadores y que los maneja como “polichinelas” tensados por cuerdas o como si fueran piezas inmóviles de ajedrez. Y no nos damos cuenta que el buen futbolista debe recibir pautas genéricas y su desempeño específico lo marcará su calidad o inteligencia concretas actuando, además, con autonomía e interrelacionándose siempre con sus compañeros. “El 80% de la información que se recibe en un partido de fútbol tiene a los ojos como vehículos por lo que allí se busca mejorar el tiempo de reacción, atención, concentración y la visión periférica, además de mejorar la técnica individual”. (…) “Está comprobado científicamente que es imposible que un jugador esté concentrado los 90 minutos de un partido”, por lo que el entrenamiento mental debe procurar que “los estados de máxima concentración sean más duraderos…”

            Como vemos, entrenar no es desplegar el libro de recetas como un cocinero resuelve a diario. Porque las personas no tienen nada que ver con las pastas, las cremas, las natas, los pepinos y tomates, lentejas o alubias. En el fútbol, el entrenamiento mental hay que practicarlo y no basta con mil repeticiones verbales en charlas motivacionales. El “hay que, hay que…” es insuficiente si antes no se ha entrenado, teoría y práctica deben hermanarse.