Humanismo

¿Qué más hermoso y más grande  que ser hombre, ser humano? Pues eso es el humanismo: cultivar y perfeccionar las facultades, posibilidades y valores del hombre. Ni siquiera hace falta esa palabra que se han inventado los que les gustan las palabras largas y enrevesadas: el humanitarismo. Hay asociaciones humanitarias y desastres humanitarios que gentes humanitarias acuden a aliviar, está muy bien. Para hacer todo esto hay que ser verdaderamente humano.

El humanismo llega a todas partes donde  llega el pensamiento y el amor humano. Y  ha llegado y llega allí donde está la necesidad y el sufrimiento, porque el humanismo está en sintonía  con todo lo humano que hay en los hombres y rechaza todo lo que lo rebaja y le pone al nivel de los seres que obran por instintos. Y si es verdaderamente humano no se queda en el pensamiento, en la teoría, sino que baja a la realidad del corazón, de los sentimientos y de la acción, a la vida real.

Vivimos en una época deshumanizada y decadente. Puede haber habido épocas y situaciones históricas en que el hombre ha sido más inhumano y antihumano, más  “hombre lobo para el hombre”. Sin ir más lejos, en el siglo pasado, en aquellas grandes Guerras, se mataron a millones y fueron premeditadamente masacradas razas distintas, que tienen todas la misma dignidad humana. Y en nuestros mismos días los hombres se siguen matando unos a otros. No obstante, pienso que el mal más grave de nuestro tiempo, que genera todos los demás males, es la ausencia de humanismo. El hombre, es decir la sociedad dominante, ha perdido el sentido del hombre, aunque por eso mismo haya minorías, es decir, muy pocos que viven y fomentan los valores propios del hombre. Pero el hombre en cuanto tal, la humanidad misma está en decadencia, ha perdido su propia identidad humana, cuyo símbolo se nos ha impuesto, puede ser como una  advertencia, la máscara a que nos obliga la pandemia, de modo que no se reconoce a sí mismo y vaga por el mundo como un fantasma.

Juan Luis Vives, nuestro gran humanista hispano y europeo, hoy tan olvidado, desde su retiro de Brujas escribió muchas obras de lo que él llamaba “filosofía cristiana”, recordándonos nuestros valores humanos y los antivalores que se oponen a la verdadera humanidad. Hasta conseguir con su palabra, en su magnífico libro El socorro de los pobres, que en la bella ciudad de los canales se construyeran hospitales para los pobres, enfermos, mendicantes y prostitutas de la ciudad, y que hoy siguen siendo testimonio, como bellos monumentos al humanismo de aquellos tiempos.