Filología política

En México, la expresión “ya chole”, cuyo origen parece ser decimonónico –la frase “ya Chole vendió su rancho” y variaciones de la misma– se usa para expresar hartazgo… Y les encanta a los políticos. De hecho, el presidente actual, aunque se la criticó al anterior, la dice bastante. Sin ir más lejos, volvió a espetarla la semana pasada.

Para quienes no entiendan a qué me refiero –o sea, mis lectores de aquella orilla, que alguno y/o alguna tendré– les cuento que el candidato a gobernador de Guerrero por parte del partido que gobierna en México es un señor acusado, en varias ocasiones, de violación y acoso. El fuero –ha pertenecido a diversos partidos y ha tenido diversos cargos– y otras circunstancias han hecho que el camino judicial no se haya recorrido del todo. Respecto a esta nueva posibilidad de cargo, falta que la autoridad electoral lo valide, porque su partido actual ya lo hizo.

Esas acusaciones contra quien –en repetidas ocasiones desde que vivo en México–, ha alardeado de patanería y violencia –calificativos como impresentable o indefendible le embonan perfectamente–, han desatado una campaña, en redes sociales sobre todo, pidiéndole al presidente que “rompa el pacto”, sin especificar muy bien a qué se refieren, dando por hecho que todo el mundo entiende las referencias a la grilla política. Grilla, en México, se refiere a politiquería, componendas, acuerdos...

López Obrador y su partido han hecho caso omiso de las acusaciones y de las peticiones; han emprendido, a su vez, una campaña de respuesta acusando de politiquería, de electoralismo a quienes los critican por la candidatura… En ese contexto apareció el “Ya chole”, que viene a ser un “dejen de estar jodiendo”. Cosas del populismo.

Me pregunto algo: quienes le piden al presidente que rompa el mencionado pacto, ¿por qué lo hacen? Si no es porque quieren votar por el presidente y los suyos, no me lo explico.

Si esa es la respuesta, da un poco de tristeza, porque el asunto del candidato puede ser gota que colma vaso, pero no es algo aislado. Y claro, si alguien que ahora está en el poder ha mostrado en no pocas ocasiones insensibilidad y se le responde con queremos seguir votándote, qué quieren que les diga, ya tiene hecha la campaña electoral.

Por otro lado, la otra campaña, la tuitera y hashtaguera –para romper el pacto y para que un violador no sea gobernador, como dicen las mencionadas #etiquetas– es muestra, una vez más, de que demasiada gente, sobre todo la organizada, considera las redes sociales un tribunal, no una tribuna.

Insisto, para mí, López Obrador y su partido son insensibles ante el tema porque esta decisión se suma a otras que muestran y demuestran que, para el grupo que ahora manda en México, el feminismo es una bandera usable pero en la que no creen y que no permiten que condicione ninguna decisión. Como la igualdad y otras tantas.

Demasiadas mujeres en ese partido y sus alrededores, ahora protestan, pues eso, en las redes, avalando de algún modo que el jefe máximo, el caudillo, decida. El enfrentamiento sigue siendo con el patriarcado, así, en genérico, porque el caudillo, por supuesto, parece que no es tal sino que es la voz del pueblo,

El caudillo, por supuesto, responde hablando por el pueblo: él, pueblo, eligió como candidato al acusado, en una encuesta que nadie ha visto.

Aquí viene el título: en vez de atacar la incoherencia política, tan atacable, o de marcar la distancia, se hace una campaña muy aguerrida llena de #etiquetas (#hashtags), con el mentado pacto y la palabra violador. Y ahí tuerce la puerca el rabo, como dice el refrán.

¿Es culpable el acusado? ¿Es violador o acosador? No lo sé, no soy juez, no tengo acceso a los expedientes en curso y, si creemos en el Estado de Derecho, la ley y la justicia deben ser la base de la decisión. No lo que a nosotros nos parezca.

Escribir esto, para quienes desarrollan esas campañas, parecería significar que lo defiendo o que no creo a quienes lo acusan. Pues no, por supuesto que no; de hecho, recuerdo, como ya apunté, que el señor tuvo un altercado al poco tiempo de estar yo en México por enfrentarse con policías en un estado inconveniente, por decirlo en fino.

Además, como estoy medianamente informado, sé que el señor candidato es alguien que ha estado cercano al poder, que lo ha ejercido y que intuyo que suele usar el “usted no sabe con quién está hablando” en diversas acepciones, parece que también en la sexual.

Desde ese punto de vista social y político, tengo claro que nunca votaría por alguien así, sin esperar siquiera a que los tribunales dicten sentencia respecto a los delitos de que se le acusa… Y, desde luego, nunca votaría por la organización que lo postula.

Haya o no haya pacto, Chole.

 

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