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Domingo, 7 de marzo de 2021

En defensa del lobo y contra sus verdaderos enemigos

En mis tiempos jóvenes fui, como la mayoría, fan de Félix Rodríguez de la Fuente, que reafirmó en mí el amor a la Naturaleza…y a los lobos. ¡Quién no se dejaba convencer con aquellos documentales? Y digo que reafirmó, porque donde descubrí la Naturaleza fue en mi pueblo natal, actualmente perteneciente a la España zamorana vaciada, y en los campamentos con el Aspirantado de Acción Católica y, sobre todo, con los scouts.

     En mi pueblo tuve el honor de que mi tío Gregorio, gran educador por contagio, no por peroratas, me confiara a mis catorce años el cuidado y la gestión de la huerta familiar durante el período de recolección, pues los adultos estaban enzazados –zamoranismo que significa algo así como pringados hasta las cejas- en trabajos más esforzados. Aire, cielo, grillos, topos, pájaros, agua del pozo sacada con una noria movida por la burra Campaspeluda, baño en la buchina –zamoranismo este de la Tierra del pan: alberca o estanque para solear el agua ¡Qué fría!- antes del riego, recogida de hortalizas y frutas para la casa, agricultura ecológica avant la lettre, antes de que la palabra ecología, inventada por el biólogo alemán Ernst Haeckel, pulida por Verdansky, Darwin, Lamarck y otros, pero popularizada entre los científicos a partir de mediados del siglo XX ¿cómo no? en Estados Unidos, donde se hizo el primer estudio de un ecosistema, un pequeño lago de cuyo nombre no me acuerdo, porque lo leí en el informe Brundtland, pero ahora no encuentro el libro.

     Una cosa es saber de la Naturaleza, otra vivir de la Naturaleza y una tercera vivir en la Naturaleza, que es lo que hice, hasta que el cáncer y, sobre todo, los años, me lo impidieron, participando en ene campamentos –si fuera portugués tendrían un cuadernito con pastas de hule flexible negro con un resumen de todos los campamentos en los que participé-; pero ahora vivo, como gran parte de la Humanidad, en una ciudad, que a fin de cuentas no deja de ser Naturaleza domesticada y ¿humanizada? Creo que, en Salamanca, salvo algún horror urbanístico de la burbuja del ladrillo, sí.

     De la Naturaleza hay muchos que saben mucho, sobre todo los biólogos y los ecologistas, aunque casi todos sean urbanitas como yo. Vivir de la Naturaleza vivimos todos, porque todos vamos al súper o a la tienda de alimentación de la esquina, pero ganarse la vida con ello, con el llamado “sector primario” –agricultura, ganadería, pesca y silvicultura- cada vez menos; según fuentes de Moncloa: el 2,7% del Producto Interior  Bruto (PIB) directo. Si añadimos la industria agroalimentaria y otras actividades indirectas, el sector primario aportaría el 10% del PIB. Este 2,7% habla o mejor, grita, la irrelevancia política del campo.

     Esa irrelevancia de facto, unida a una Naturaleza privilegiada, es lo que podría explicar el vaciamiento de la España rural, aderezado por la Neoecología europea (de la Unión Europea), que en plan neorromántico pretendería hacer de la Península Ibérica, con permiso de Portugal, que ya veremos si se lo da, un paraíso  ecoturístico en el que una de las joyas de la Corona -¡Qué antigualla, esta referencia monárquica- serían los “safaris ecoturísticos” para el avistamiento de lobos.

     Y hablando de lobos, esta especie, en España, ha pasado por dos etapas y una tercera que se avecina: 1) cuando su caza era libre, el aumento de población humana y los progresos técnicos en el armamento pusieron al lobo en peligro cierto de extinción. Pero, 2) una vez entrados en la Unión Europea y con el aumento de la conciencia ecológica en toda la población, especialmente en los agricultores y ganaderos, que son los mejores ecologistas porque viven de y en la Naturaleza y, por tanto, la aman aunque les dé disgustos y pérdidas; pues bien, en esta etapa de “caza regulada” -no siempre del mismo modo en cada comunidad autónoma, como ocurre en otros muchos aspectos de la vida pública- el lobo ha logrado atravesar el Duero y volver a colonizar gran parte del Centro y del Este de la península, incluida la superpoblada Comunidad o provincia de Madrid.

     La tercera etapa está ahora en preparación y consistirá en la supresión absoluta de la caza del lobo. Naturalmente, nunca mejor dicho, se seguirán produciendo daños y estragos en la ganadería extensiva. El Ministerio quiere detraer fondos de la PAC para pagar esos daños, es decir que se paguen los daños ellos mismos, los ganaderos, después de una fácilmente imaginable batalla burocrática con la Administración.

     Hay una fórmula tradicional para defenderse del lobo con garantías, que me la sugirió un joven pastor de vacas y ovejas presentado por Informe Semanal del sábado, orgulloso de su manada de 21 mastines. Me dio por echar cuentas, con ayuda de un veterinario: 4 kilos de pienso diarios para cada perro, a 0,60€ el kilo, por 365 días = 876 € al año para cada mastín, 18.396 € costaría alimentar al grupo de mastines, sin contar los gastos de las revisiones veterinarias. ¿Lo paga el pastor de su bolsillo? ¿Recibirá una subvención por una práctica tan ecológica? ¿Será esa subvención un descuento encubierto de lo que debería percibir por la PAC?

     Me temo que el lobo, cuando se produzca esa prohibición total de cazarlo, entonces sí que estará en grave peligro de extinción. Y, además, en pocos años.

     Por favor, señores políticos que pretenden prohibir absolutamente la caza regulada del lobo, escuchen a los agricultores y a los ganaderos y a las organizaciones agrarias, que representan menos del 2,7% del PIB porque el lobo no se pesca. Escúchenlos porque ellos son los que saben de la Naturaleza y del lobo, les va la vida y el bienestar de sus familias en ello. Si no escuchan, el lobo se extinguirá. Vds. no serán los culpables ante un juez, pero serán los responsables ante la Sociedad y ante la misma Naturaleza, actualmente tan abundante en lobos.

Y cuando se comprueba que un político es irresponsable con el 2,7% del PIB, lo más probable es que también lo sea con el resto y, por lo tanto, con herramientas democráticas, hay que echarlo. Tengo para mí, además, aunque no puedo demostrarlo y, por tanto, concedo el beneficio de la duda a algunos políticos, que Vds. no conocen ni la Naturaleza ni al lobo: no viven en ella, tampoco viven de ella. Muchos de Vds. son unos niños mimados urbanitas. El verdadero enemigo del lobo son Vds.