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Domingo, 7 de marzo de 2021

Las banderas caídas

En un tiempo de estadísticas. Podemos decir que el noventa y cinco por ciento de nuestros alumnos triunfan. Porque aprueban y los de las casas escuelas porque cumplen sus medidas judiciales con éxito, porque vuelven con sus familias o porque logran su emancipación e integración social .

Suelen estudiar, encontrar un trabajo e independizarse con pareja y también teniendo hijos.

Varios son contratados en nuestras empresas tuteladas. La pasada semana uno de los contratados con un programa de inclusión europeo, faltaba al trabajo. Nos llamó su pareja para decir que estaba en el calabozo y que había preguntado, si el lunes no estaba en la cárcel a las cinco de la mañana estaría con nuestro integrador  social en merca Salamanca. Me parece mágico ese sentido de la responsabilidad en las circunstancias en las que vive.

Habría contratos más fáciles. Pero  no abandonar a los caídos  es lo que nos puede dar una credibilidad distinta y una autoridad moral. Los episodios de “no superación del dolor” no están de moda. Se ocultan porque hay realidades que no puntúan para las subvenciones, ni entran en los cribados burocráticos para evitar la picaresca de los excluidos. Más que nunca se usan como moneda de cambio político.

Pero estar al lado de los perdidos está en el ADN de algunos de nosotros.

Cuando en la vida viajas con una ruleta de servicios, con una inercia lo más útil posible, te vas despertando por el camino con los baches y te salpicas de los charcos.

El mayor problema para la estabilidad suele ser la dependencia emocional y el miedo a la soledad. Desde ahí se puede complicar todo con adicciones.

La luz surge desde la confianza, se perciben lealtades motivadoras y nunca se puede perder la esperanza.

Sí, es un ejemplo de superación una joven madre que te encuentras en una cera esperando que le dejen ver a su hijo. Sólo acepta fruta y agua . Unos meses después tiene trabajo estable, una casa propia, una pareja y la responsabilidad de dedicarse con amor a su hijo en la medida que se lo permite una juez. Con paciencia acepta por su hijo una sentencia que depende de lo que es capaz de demostrar un abogado caro y una de oficio.

También tenemos alumnos y alumnas que superan cánceres con más facilidad que el abandono de los suyos.

Las banderas que aquí esgrimimos son personas. No supuestas ideologías que justifican  y alientan vandalismo desde la barrera de burgueses acomodados.

La innovación de la picaresca callejera se ha cambiado por la picaresca de los despachos de los poderosos al servicio de una enfermiza ambición de control.