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Lunes, 8 de marzo de 2021
Ciudad Rodrigo al día

Del silencio al olvido

Es el momento en el que también los jóvenes debemos manifestar nuestra petición de un obispo propio para esta Diócesis

“El silencio es el estado en que no hay ningún ruido y no se oye ninguna voz”

Mi nombre es Fernando Gutiérrez Manchado, fui bautizado en 1.983 y desde entonces formo parte de la Iglesia de Jesús, que me ha acogido y formado en valores cristianos y a la que sirvo como laico comprometido.

Creo que ahora es el momento en el que también los jóvenes debemos manifestar nuestra petición de un obispo propio para esta Diócesis de Ciudad Rodrigo.

Quizás no seamos muchos los jóvenes comprometidos y es cierto también que con frecuencia nuestro trabajo no sea el esperado, pero no siempre es fácil compaginar lo que tú quieres con lo que Dios quiere de ti.

Tener un obispo propio, es tener un pastor que camina a nuestro lado, al igual que Jesús lo hizo con los discípulos de Emaús, también nosotros poder decir “QUEDATE CON NOSOTROS”.

Este pastor debe empaparse de la vida real de sus ovejas y de la pobreza no solo económica sino también espiritual de esta tierra. Trabajar con jóvenes es una tarea dura pero bonita. Hablar con ellos, escuchar sus inquietudes y sentir la necesidad que tienen de conocer a Dios, a Jesús, escuchar y comprender pasajes de la Biblia o simplemente hablar sobre sus experiencias vividas a la luz de Cristo.

Descubrir al escuchar una canción, o en el silencio, en la oración, o en la naturaleza que no estamos solos, que ahí hay un Dios Padre que no nos abandona.

De mi experiencia en el grupo “El Manantial” del cual formé parte durante muchos años, me quedo con la enseñanza de saber caminar a contracorriente, a encontrar el manantial de la vida, a encontrarme con EL. Sin duda, la gran labor de formación espiritual que recibimos entonces y el estar rodeado de más jóvenes que aman a Jesús y no se avergüenzan de seguirlo, te hacen sentirte más fuerte y ayudan a forjar en cada persona un espíritu profundo y una fe viva.


Por eso creo que en esta Diócesis aún hay mucho trabajo por hacer y necesitamos a nuestro lado a un obispo que nos ayude, nos estimule y nos impulse al trabajo apostólico.

El obispo ha recibido el encargo del Señor de mostrarse solícito con todos los fieles que se le han confiado, incluso con aquellos que se han apartado de la fe o la práctica de la religión, debe ser testigo cercano del amor de Cristo.

Gracias al obispo el pueblo de Dios se une a la Iglesia Universal de Cristo y por ella, a su Señor.

Cada Diócesis es una porción del Pueblo de Dios encomendada al obispo. Los fieles que viven en un mismo territorio, están unidos entre sí por los vínculos con la Diócesis, miembros de un mismo rebaño y bajo los cuidados de un mismo pastor.

En el sínodo de los jóvenes de 2.018, al finalizar la eucaristía oficiada por el Papa Francisco en la Basílica de San Pedro, se leyó una carta que los llamados padres sinodales habían escrito a los jóvenes.

“La Iglesia es vuestra madre, no os abandona, está dispuesta a acompañarnos por caminos nuevos, por las alturas donde el viento del Espíritu sopla con más fuerza, haciendo desaparecer las nieblas de la indiferencia, de la superficialidad, del desánimo.

Hago un llamamiento a rezar por nuestra Diócesis.

No olvidemos la importancia y la necesidad que tenemos de un obispo propio y residente en esta tierra, que camine a nuestro lado, que conozca a sus ovejas y nosotros escuchemos su voz.

Pido a los jóvenes Cristianos que se movilicen en favor de nuestra Iglesia a la que tanto deseamos y a la que amamos.

Todo lo encomiendo a la Virgen de la Peña de Francia.

Fernando Gutiérrez Manchado

En Ciudad Rodrigo, a 21 de Febrero de 2021