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Lunes, 8 de marzo de 2021
Ciudad Rodrigo al día

Derechos al 50%

Me parece lamentable tener que decirle a una persona que espere por el hecho de no entrar dentro de los cánones sociales

—Buenos días. ¿Me abre la rampa, por favor?

—Uf —respondió el conductor rascándose la coronilla—. Este autobús no lleva rampa.

—¿Cómo que no lleva? ¿Entonces? —pregunté frunciendo el ceño.

—Entonces te tienes que esperar al siguiente. Pasa dentro de quince minutos, no te tocará esperar mucho tiempo.

—Ya, pero es que tengo un examen en media hora y si espero al siguiente autobús no voy a llegar.

—No puedo hacer más, chico, solo nos obligan a tener el cincuenta por ciento con rampa.

Os acabo de transcribir un trozo de la conversación que un buen amigo tuvo con el conductor de una conocida línea de autobuses metropolitanos de Salamanca. Él tiene parálisis cerebral y aunque puede caminar con ayuda de un bastón, lo hace empleando mucho tiempo y esfuerzo, por lo que usa una silla de ruedas eléctrica cuando sus obligaciones le demandan rapidez y eficacia.

Vivimos en un país libre, donde todos sus ciudadanos tienen (en teoría) los mismos derechos. ¿Alguien me sabría explicar por qué las empresas privadas de autobuses no están obligadas a adaptar toda su flota? ¿Veis justo que mi amigo, por el hecho de tener una discapacidad física, esté obligado a esperar quince minutos y llegar tarde a su cita?

Se trate de un examen, de una revisión médica o de una quedada de Tinder, me da lo mismo. Él, como cualquiera de vosotros, tiene su derecho a usar el cien por cien de estos autobuses, que aunque sean de una empresa privada, realizan un servicio PÚBLICO.

Me parece lamentable tener que decirle a una persona que espere por el hecho de no entrar dentro de los cánones sociales. Siglo XXI, amigos. Nos proponemos sacar una vacuna en un año y la sacamos, la tecnología informática avanza a tal velocidad que resulta complicado estar al día de las últimas novedades y el tráfico en redes sociales como Instagram o Tik Tok corre a ritmos extraterrestres. Eso sí, cuando se trata de brindar un derecho BÁSICO a todos los ciudadanos, incluidos aquellos que tienen alguna dificultad, nos lavamos las manos y tan campantes.


¿La culpa es de los conductores de dichos autobuses? En absoluto. Ellos conducen un vehículo de transporte y facilitan la vida a sus clientes en la medida de lo posible, pero no pueden decidir si se coloca rampa o no. Este problema viene de mucho más arriba, cientos de escalones por encima. Cuando alguien gobierna, sea quien sea, debe velar por los intereses de TODOS sus ciudadanos. En ese TODOS va incluido desde el frutero que abre a las ocho de la mañana, hasta la panadera madre de tres niños, pasando por ese chico que va en silla de ruedas y tiene que llegar a tiempo a su examen.

No vale poner peros a este espectro, porque entonces estaremos entrando en discriminaciones de uno u otro tipo que no ayudan en absoluto a la progresión de esta sociedad.

¿Y si comenzamos a pensar de forma colectiva? ¿Y si arrimamos el hombro de una vez?

Me quedo con las buenas personas que viajaban ese día en el interior del autobús y que subieron a pulso la silla hasta su interior. Gestos así hacen que todavía siga creyendo en la humanidad.

También me guardo una frase que le dijo una de esas buenas personas a mi amigo.

“Tú tranquilo que no te quedas en tierra, por mis coj*** que llegas a ese examen”

Y claro que llegó, lo aprobó y encima con buena nota.

¿Algo que decir, señora compañía de bus?

Silencio. Como siempre.

¡Qué pena!

Nos leemos el próximo domingo por aquí o, hasta entonces, en Instagram (@rubenjuy) y en Facebook (Rubén Juy).