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Domingo, 7 de marzo de 2021

Nacho González:  “Una de las grandes fuerzas como médico cristiano es poder rezar”

Nacho González es médico de Familia en Carbajosa de la Sagrada y comparte su experiencia durante la pandemia
Ignacio González en la entrevista concedida a la Diócesis de Salamanca - Captura de pantalla

 

Se define como un médico “de pueblo”, y así ha sido al ejercer como galeno en diferentes municipios de la provincia. Tras pasar por Las Arribes, la zona de Abadengo o Béjar, Nacho González tiene plaza en el consultorio de Carbajosa de la Sagrada. Tal y como publica la página de la Diócesis de Salamanca.

“Yo siempre quise ser médico de Familia, y me tocó hacer la especialidad, aunque yo quería irme a un pueblo”, admite.  En relación a la fe, su modo de actuar con los pacientes es no preguntarle al respecto, “yo espero a que él me lo diga, para no perder la relación médico-paciente, y cuando es así, le digo, que esto no se acaba aquí, al referirnos a la muerte”.

Nacho González recuerda que los sacerdotes, cuando fallece alguien, “dicen que nuestra vida aquí no se termina, se transforma“, y en su caso, les dice que no terminamos aquí, “esto es para siempre, y lo mejor es intentar cuidarnos y aceptar lo que Jesucristo nos ha dicho, que nos ayudará y estará con nosotros”.

Una vida de sufrimiento
Y se plantea, ¿para qué?, “para lo más importante, porque esta vida es sufrimiento, enfermedad, vejez y muerte, y yo les digo a mis pacientes que son mucho mejores que yo, y que me pueden ayudar, porque los peores para el sufrimiento, vejez y muerte, somos los sacerdotes y los médicos porque estamos todo el día con ello y nos asusta”. Asimismo, asegura que comprender al enfermo y estar con él, “nos ayuda”.

A la hora de evaluar cómo se vive la enfermedad y la muerte desde la fe, González determina que hay mucha diferencia, “y es complicado para alguien que no tiene fe”. Según este médico, cuando alguien tiene fe, “es fácil estar a su lado”, porque muchas veces sirve de ayuda al propio sanitario, “porque es duro, es donde está la cruz y el sufrimiento, pero es cierto que muchas veces ese sufrimiento ha ayudado a la enfermedad, a la vejez y a la muerte”.


Este médico confirma que a veces, “lo único que puedes hacer es callarte y estar a su lado”, y admite que una de las grandes fuerzas que tiene el cristiano, es que donde se acaba toda la Medicina, “queda rezar por él, es lo único que sé, y decir, ‘Señor, ayúdame a poderle ayudar'”.

Dios es amor
Para él, el principal sentido de su vida es que Dios le quiere como es, “el Dios amor, es decir, la pandemia es un amor de Dios, o la situación de un enfermo, aunque a veces no se entienda”. Nacho González invita a recordar que la vida es eterna, “Dios está haciendo un proyecto de amor para nosotros, para que los hombres conozcan que van a vivir para siempre”.

Este médico de Familia, además de ejercer su labor en Carbajosa de la Sagrada, también ha trabajado en plena pandemia en una residencia de mayores, “donde hemos vivido momentos muy difíciles, cuando los abuelillos tenían que estar en las habitaciones totalmente despejadas, y nosotros, con los trajes de los EPIS puestos”.

Para Nacho, lo más duro fue el inicio de la pandemia, “desde abril a mayo nos pasábamos a veces en la residencia desde las seis de la mañana”. Y ahora que ha pasado el tiempo no sabe cómo lo llevó a cabo, “y a pesar de esta cruz enorme, hemos visto como algunas personas mayores salían hacia adelante”.

Varias lecciones aprendidas
González asegura que todavía no sabe cómo se puede ser médico sin fe. “Hay compañeros buenísimos, pero hemos sido formados para la salud, el médico es el que cura, y siempre digo que el mayor fracaso es el médico que al final se muere”, sentencia.

Por otra parte, Nacho González valora el papel de los sacerdotes en los hospitales, e insiste en que cuando no había nadie para crear hospitales, “la Iglesia estuvo allí”, y añade que siempre tiene que ser luz, sal y fermento, “y tiene que haber sacerdotes en la pastoral sanitaria, pero tan importante o más es que tengamos celadores cristianos, personal de limpieza, enfermeros o médicos…, que vean que el amor de Dios ha sido derramado en los corazones para darnos vida”.