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Lunes, 8 de marzo de 2021
Ciudad Rodrigo al día

Iglesia, despoblación y supervivencia

Las profesoras universitarias Soledad Gómez Navarro y Laura García Juan reflexionan sobre la posible desaparición de la Diócesis

Vivimos unos meses de angustia y cierta desolación en la Tierra de Ciudad Rodrigo ante la cada vez más previsible desaparición de nuestra diócesis. Desde diferentes estamentos y organizaciones se está promoviendo, en un intento de cambiar el futuro, un movimiento social e intelectual que trate de pararlo. Las razones esgrimidas para evitar el fin de esta institución se han asociado a temas sociales o culturales. Motivaciones diferentes para un mismo tronco común, el fuerte y constante papel eclesiástico, tanto en el pasado como actualmente, que se puede rastrear en todos los rincones de esta tierra, y al que con estas palabras nos queremos adherir, y añadir uno más, evitar la total decadencia de la zona.

La Tierra de Ciudad Rodrigo, a lo largo de todo su devenir, más allá de la lucha por su propia supervivencia, ha ejercido también funciones superiores, entre las que destacaba el mantenimiento de los límites territoriales del país o la propia articulación de la intendencia de Salamanca. Precisamente este papel geoestratégico trajo, en no pocas ocasiones, el quebranto y el dolor, dejando una profunda huella en la tierra, pero también en sus gentes. Capítulos que no forman parte solo de una historia local, sino que han escrito capítulos del país. Para llevar a cabo estas tareas, contaba con el auxilio de una serie de protagonistas que han actuado como partes de un mismo cuerpo en armonía. Entre estos actores, además de sus propios vecinos, encontramos también, y de una forma muy relevante, por cierto, a la Iglesia, institución que ha venido ejerciendo un papel de dinamizador económico, sanitario y cultural (docente, religioso, espiritual). En estos días, y preparando la publicación de una nueva historia de la Tierra de Ciudad Rodrigo, en la que mostraremos a los lectores los principales hechos acaecidos en el siglo XVIII, no queda duda de las manifestaciones que estamos adelantando. La catedral con su fábrica y cabildo, las diferentes y varias parroquias, otras instituciones eclesiásticas como capellanías, conventos y monasterios, por supuesto el asociacionismo religioso, y tantas otras que sería prolijo enumerar, aunque seguro integrantes de una larga relación, son el mejor reflejo de esta gran telaraña que se tejía por toda la tierra, y que más allá de su beneficio propio, también redundaba en las gentes. La actual situación de despoblación no es nueva; en el siglo XVIII se constata una fuerte crisis que iba más allá de los confines de la Tierra de Ciudad Rodrigo, pero que tenía en esta zona unas cifras alarmantes. Aquella situación se solventó, y no desde el individualismo, sino desde la cooperación de todos los actores –sociales, políticos y, cómo no, también eclesiásticos-. Transponiendo la situación al presente, y como manifestábamos al inicio, la desaparición de la sede episcopal privaría a la zona de un motor que podría acelerar una decadencia a la que parece condenada, y ahora ya no solo por motivos coyunturales, sino también por la atomización de sus agentes dinamizadores.


Soledad Gómez Navarro, Catedrática de Historia Moderna, Universidad de Córdoba

Laura García Juan, Profesora Ayudante Doctor, Universidad Autónoma de Madrid