Mercado persa

Ya se sabía. Se sabía desde mucho antes de darse a conocer la primera vacuna que el cuello de botella para disponer de ella estaría en su producción y distribución. Y se sabía porque, fuera la que fuera la farmacéutica que ganara la carrera para hacerse con una buena tajada del mayor negocio del siglo, las patentes impediría que cualquier otra la pudiera fabricar.

Y se sabía que ninguna de ellas, por si solas, tendría capacidad suficiente para elaborar la cantidad necesaria con la urgencia precisa. Los retrasos en poder disponer de las tan ansiadas vacunas, la población mundial los está midiendo en miles de muertos, las empresas del sector en millones de dólares.  

Estamos asistiendo a un escenario con enormes tensiones y a unas negociaciones opacas propias de un ‘mercado persa’ en el que los países que más pagan son los que más población tienen vacunada y las corporaciones farmacéuticas abusan y operan con impunidad mediante acuerdos de compra bilaterales secretos”, así se expresaba Raquel González, responsable de Relaciones Externas de Médicos sin Fronteras.

La suspensión temporal de las patentes permitiría lograr con mayor rapidez la inmunización de la población y ésta ya fue solicitada por más de 100 naciones antes incluso de que se obtuvieran los primeros resultados, pero la negativa de un ‘selecto’ grupo de países compuesto por la Unión Europea, el Reino Unido, Estados Unidos, Japón, Suiza y Australia, se niegan a ello ¿por qué? Pues, sólo tienen que buscar las nacionalidades de las principales empresas farmacéuticas y de sus aliados, para encontrar respuestas.

El precio de la vida ha sido establecido en la cantidad dólares que puedas pagar por ella. Y es que la vida se ha cosificado, se ha convertido en artículo más de consumo, una mercancía, como un kilo de pechugas de pollo o una aspiradora, no es un derecho, ni tampoco un valor en sí misma como con grandilocuentes palabras se declara en las Constituciones y la Leyes de la mayoría de los países.

Son, a día de ayer, 109 millones los casos confirmados en el mundo y 2,5 millones de muertos. Tenemos una inevitable crisis económica y social a las puertas, se está dando ya un cansancio psicológico general que puede acarrear graves consecuencias, cientos de países vulnerables irán suministrando víctimas para mantener ‘encendido’ el fuego de los mercados y los beneficios económicos.

Pero parece que estos temas no interesan o interesan menos que los pactos en Cataluña o si el Partido Popular se traslada a otro lugar para desprenderse de los vapores tóxicos de un edificio investigado por la Fiscalía, si el rey emérito goza de buena salud, incluso si un mediocre rapero ingresa en la cárcel. Por cierto que vaya diferencia entre los que legítima y pacíficamente se manifiestan en defensa de la hostelería, su medio de vida, y los vándalos descerebrados que, haciendo un uso obsceno de una libertad que han heredado, no conquistado, y que demandan violentamente, apedrean escaparates y queman contenedores.  

¿Qué están haciendo los llamados Medios de Comunicación Social? Pues poco, muy poco. Lo que en realidad es comprensible ya que parecen ser solo eso, ‘medios’, herramientas para que los ‘dueños’ – grandes corporaciones internacionales - consigan el inconfesables fin de llevar a cabo un adoctrinamiento narcotizante y consumista mediante una saturación informativa sobre temas banales e intranscendentes. ¡Penoso!

La deuda pública de este nuestro querido país no ha sido tan alta desde la guerra de Cuba a finales del siglo XIX. Cada español ‘debemos’ ya al Tesoro Público más de 27.000 euros y seguimos sumando ¿Hasta cuándo podrá sostenerse esta situación?

El escritor nacido en Florida (EEUU) Mark Twain, opinaba que nuestra civilización es una cosa de mala calidad, pobre, llena de crueldades, de vanidades, arrogancias, mezquindades e hipocresías. ¿Estaba equivocado?

Su compatriota, Joseph Stiglit, economista estadounidense, Premio Nobel en 2001 y muy crítico con la globalización económica que nos invade, afirmaba que “Cuando los mercados fallan, el gobierno viene y recoge los platos rotos. Sabiéndolo, el gobierno debe hacer lo que pueda para evitar las calamidades.” ¿Alguien está anticipando algo, aunque solo sea ir redactando las ofertas de contratación para los servicios de limpieza?

En este momento me viene a la memoria aquella viñeta de Mafalda en la que ella, frente a un globo terráqueo, gritaba: ¡Que paren el mundo, que me apeo!

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