Realidad y pantomima...

Hoy en día parece que vivimos en un mundo inculto y complejo, lleno de ruido y con muy poco criterio, en el que los valores desaparecen ayudados por unas redes sociales que crean mucha confusión, porque no siempre el receptor filtra adecuadamente. Hemos llegado a un punto en que lo que se muestra en la pantalla crea su propio universo al margen de la realidad y moralidad verdadera. Lo vemos en mil ejemplos, el más reciente el que vive la política nacional o lo que nos hacen vivir con las 17 plandemias autonómicas con el virus además del gobierno y la OMS.

Los medios audiovisuales podrían ser un extraordinario medio para aumentar el nivel cultural de la mayoría, pero no pueden serlo porque nos domina la cultura de la degradación y del cachondeo, del todo vale frente a los verdaderos valores, y ello socava la realidad. Aunque seamos conscientes de lo que se nos ofrece en muchas ocasiones es una mera pantomima. La verdad se nos oculta hasta en su camino para llegar a ella. Si dejas de luchar, te han silenciado y por ello lo han conseguido. Es como si te hubieran eliminado.

Este relato selectivo a su manera, sometido a una doble censura del poder económico y del poder político que crean tendencias de todo tipo, se come la realidad, la neutraliza o la ignora. Se multiplican así las maneras de verla según convenga. Este proceso de contaminación de la información por el espectáculo de lo banal está alcanzado cotas importantes. Ello a su vez nos puede también hacer pensar que convivimos desde hace años cada vez más con una política basura, una economía basura, un periodismo basura, un cine basura, etc.

La humillación y la mentira vende y atrae, y todo lo envuelve, porque tranquiliza pues podemos pensar que otros lo están pasando peor. Los méritos venden cada día menos que los defectos, de la misma forma que las malas noticias venden más que las buenas. El resultado de todo esto es la retribalización y la analfabetización intelectual y social de cualquier tendencia. Estamos asistiendo a la deconstrucción del individuo occidental, en este proceso de huida de la responsabilidad individual todo es culpa de los demás.

Por supuesto esto es un desastre pensando en el futuro no muy halagüeño que nos espera para la mayoría ante un mundo global, o una falsa nueva normalidad del paraíso de Davos “no tendréis nada pero seréis felices...”, cuyos protagonistas serán unos pocos cada vez más especializados, alfabetizados y muy ricos, mientras los demás esperarán en el charco. Así nos va con el panorama económico y político actual del que parece, viendo los hechos que lo adornan, no vamos a salir, al menos muy bien parados...