La identidad

Ahora que los individuos y las sociedades andaban buscando su identidad, viene la pandemia y nos reduce a seres anónimos, como fantasmas que vagan por las calles disfrazados de nadie.

Quizá nunca hemos sabido muy bien qué somos ni quiénes somos, porque esto en el misterio de la existencia es mucho más grande y profundo que el misterio de nuestro existir. El hombre siempre se ha estado haciendo preguntas sobre sí mismo y sobre todo los filósofos de todos los tiempos, que eso es lo suyo, preguntar, buscar, querer saber más, siempre más. Y no es sorprendente que desde el siglo pasado haya una filosofía de la identidad o identitaria, precisamente porque en la actualidad el hombre está descubriendo lo poco que sabe de sí mismo y de la misma sociedad en la que está incardinado.

Yo creo que lo que ha pasado es que, con tantas preguntas y respuestas tan poco seguras o en la buena dirección, la gente de hoy anda desorientada A esto contribuyen los que opinan y hablan en los medios de comunicación y dicen con frecuencia cosas muy peregrinas acerca de variadas cuestiones, por ejemplo, sobre la orientación sexual o sentimental, o sobre nuestros antepasados y ancestros. Y vienen luego algunos políticos y proponen esas leyes que llaman “tras”, para que cada cual se oriente o desoriente hacia donde le apetezca. Y en cuanto a las sociedades pasa algo parecido. Unos dicen que estamos globalizados, es decir, que estamos irremediablemente juntos en un globo, el globo terráqueo; y otros dicen que sí, pero que ellos quieren ir por libre, ya que en el globo no mandan nada ni pueden conseguir más dinero, pues quieren mandar y vivir a lo grande ahí dentro de sus murallas. Unos quieren encontrar su identidad con los demás y otros prefieren tener su “adeene” exclusivo, para él o ella solito. Aunque no sé si decir él y ella, porque, según observamos, a muchos les parece que cada uno es lo que quiera ser o lo que quiera, o quizá todos somos lo mismo y en lugar de él o ella tendríamos que decir “ello”. Y no digamos ahora que con la mascarilla apenas se distingue la cara de unos y otras.