La Diócesis de Ciudad Rodrigo, en la cuerda floja

Transcurridos más de 2 años desde que el entonces obispo titular de Ciudad Rodrigo, Raúl Berzosa, presentase su renuncia a la mitra episcopal civitatense, esta histórica diócesis aún sigue esperando que se designe un nuevo obispo titular que lo releve y, con el paso del tiempo y de los acontecimientos, cada vez son mayores los temores de que se pretenda eliminar el obispado de Ciudad Rodrigo (del que dependen una buena parte de los municipios del partido judicial de Vitigudino).

Y es que el pasado mes de noviembre el obispo de Salamanca, Carlos López, cumplió 75 años y, con ello, entró en edad de jubilación eclesiástica (que aún debe ser consumada nombrando alguien que le sustituya en tal cargo) por lo que los temores en Ciudad Rodrigo a la supresión de su diócesis se han acrecentado, al haberse prolongado la elección de un nuevo obispo hasta que la diócesis vecina con sede en la capital provincial ha entrado en un tiempo de precisar el nombramiento de un nuevo obispo.

De esta manera, y vista la prolongada espera de dos años sin que se haya llevado a cabo el nombramiento de nuevo obispo en Ciudad Rodrigo, hace temer que esta diócesis pueda ser suprimida y absorbida por la de Salamanca, o que pase a designarse la misma persona como obispo de las dos diócesis, que sobre el papel seguirían siendo dos obispados distintos pero que podría concebirse como un paso previo a una posterior integración total de la diócesis mirobrigense en la salmantina.

Por ello, a raíz de la incertidumbre que sobrevuela el futuro del obispado de Ciudad Rodrigo, gran parte del tejido social de esta localidad quiso salir al paso y solicitar públicamente el deseo y la necesidad de que se mantenga esta diócesis, que precisamente esta semana cumplió 860 años de historia (fue creada el 13 de febrero de 1161 por el rey Fernando II de León, que buscaba potenciar la localidad como baluarte en la defensa del reino frente a la frontera portuguesa por el oeste y los musulmanes al sur, dotándole de más importancia el hecho de albergar un obispado), siendo una de las primeras voces en advertir del peligro de supresión quien fuera vicario general de este obispado, Tomás Muñoz.

No obstante, las muestras de deseo de continuidad de la Diócesis civitatense no tuvieron quizá la acogida esperada por el administrador apostólico de la misma, Jesús García Burillo, que a finales de enero envió una carta dirigida a sacerdotes y feligreses de Ciudad Rodrigo, que quizá contribuyó a crear más confusión, al indicar que dichas peticiones “hasta se podrían considerar como una rebelión contra la voluntad del Papa”, instándoles a “ser dóciles” y pidiendo que “no colaboréis con vuestros actos en ninguna campaña que pretenda intimidar a la Santa Sede en su decisión sobre el futuro obispo”, afirmando que “la algarabía, no pocas veces, conduce al desorden y a la división”.

Estas duras palabras, sin embargo, no han conseguido aplacar la movilización de la sociedad mirobrigense en pro de su Diócesis y, de hecho, con posterioridad a dicha carta, el pleno del ayuntamiento de Ciudad Rodrigo acordó el 1 de febrero solicitar al Papa y a la Conferencia Episcopal “el objetivo de que el estatus histórico de la Diócesis de Ciudad Rodrigo, con obispo propio, residencial y exclusivo, siga siendo una realidad.”

En definitiva, la continuidad del Obispado de Ciudad Rodrigo parece más en el aire que nunca, si bien su posible desaparición sería un duro golpe para el oeste salmantino, tanto moral como administrativamente, pues conllevaría un mayor ninguneo del mismo y la pérdida del entramado administrativo que radica actualmente en Ciudad Rodrigo para el gobierno de su diócesis, cuya hipotética supresión sería una torpeza si lo que se pretende es no dejar más abandonada a su suerte a esta España vaciada en que se integra nuestra Raya.