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Miércoles, 3 de marzo de 2021
Ciudad Rodrigo al día

Mi Diócesis

Tampoco debe omitirse, seamos creyentes o agnósticos, la importante labor y mecenazgo que ejerce como institución en todos los ámbitos

La aparición de un libro siempre es para mí algo interesante. Así recuerdo gratamente aquella tarde de primavera, en concreto un 16 de abril de 2010, cuando se presentó aquí en Ciudad Rodrigo, en la catedral de Santa María, el “EPISCOPOLOGIO CIVITATENSE”, acto presidido por el obispo, Don Atilano Rodríguez Martínez, junto a José Ignacio Martín Benito, presidente del Centro de Estudios Mirobrigense, y algunos colaboradores más.

La publicación de ese volumen vino a ser una luz más para los que amamos la historia, nuestra historia, un hito memorable, pues en un solo volumen quedaba comprimida una parte muy importante de nuestro pasado, en definitiva de nuestra diócesis, a través de todos sus obispos, desde la plena edad media hasta prácticamente nuestros días.

Por aquel entonces todavía se vivía aquí con el rescoldo de las Edades del Hombre, evento cuyo eje se debió principalmente a ser nuestra ciudad sede episcopal, algo muy importante y que supuso para nosotros una inyección de optimismo y economía, teniendo en cuenta que vivimos en una tierra un tanto olvidada y deprimida secularmente. Nada hacía presagiar por aquel entonces que el futuro de nuestra mitra estuviera cuestionando para desaparecer o adherirse a la de Salamanca.

Al ver estas últimas semanas el debate surgido con tal motivo, una vez más he retomado este libro que abarca desde 1168 hasta el 2001, más de 800 años donde se aprecian lógicamente momentos de esplendor y otros de crisis, pero donde predominan los tiempos difíciles, duros, para una pequeña diócesis como ésta, situada al oeste del oeste, que sin embargo ha sabido seguir adelante soportando guerras, crisis, pestes y pandemias de todo tipo, pero manteniéndose firme y entregada en todo su ámbito diocesano. 

Ahora en estos momentos presentes, con el inicio del año 2021, han surgido estos inquietantes comentarios, que de momento a muchos nos han hecho pensar, reflexionar, y eso ya es mucho en este tiempo oscuro poco dado a interiorizar. Así sabemos que nuestra diócesis cuenta con 121 parroquias, y (creo no equivocarme) con menos curas y religiosos, que voluntariosamente y con abnegación desarrollan su hermosa labor sacerdotal y espiritual, todo un ejemplo de entrega y valentía en este tiempo difícil que nos toca vivir. 

Desde siempre toda la tierra de Ciudad Rodrigo se ha sentido reconfortada y protegida bajo el báculo que nos ha dirigido espiritualmente, que a su vez siempre ha ido paralelo a todos los aconteceres sociales e históricos de nuestra ciudad, ya fuera en tiempos de paz o de guerra, que por desgracia tampoco han faltado.


Además de esta labor pastoral esencial, le ha dado a estos pueblos y a sus gentes un rango protector, bajo el cual secularmente todos hemos estado y nos sentimos reconfortados. Ser una diócesis pequeña y humilde no es motivo para ser absorbida, según mi modesta opinión, sino más bien todo lo contrario, es un claro ejemplo de “iglesia viva” que lucha día tras día, año tras año, por mantenerse y mantener a sus fieles en un tiempo difícil, haciendo llegar el Evangelio a un mundo donde la soledad, el individualismo y el conformismo son los dogmas que nos rigen.

Tampoco debe omitirse, seamos creyentes o agnósticos, la importante labor y mecenazgo que ejerce como institución en todos los ámbitos de la educación y la cultura. Como mencioné anteriormente, fue la piedra angular para la exposición Kyrios de Las Edades del Hombre en el 2006, evento que marcó un antes y un después en la vida de esta ciudad, y sigue siendo ágora de publicaciones, conciertos, exposiciones y congresos, así como mantenedora de un Seminario del cual, además de numerosas vocaciones, surgen mentes despiertas y destacadas en todos los campos.

La diócesis, nuestra Diócesis, es cimiento fundamental para esta antigua “Civitamen de Rodric” que lentamente se va viendo despojada de personas y entidades. Aunque soy poco práctico, siempre procuro ver el lado positivo de las cosas y creo que al final de este dilema se sacarán muchas cosas en claro. De momento hemos salido de esa crisálida ambigua que últimamente a casi todos nos embota, y empezamos a añorar algo muy nuestro y que todavía no está perdido.

El optimismo gana batallas. Tengo esperanza. No me alargaré en estos renglones, no entraré a narrar los pasajes históricos de esta antigua diócesis, pero sí los recomiendo, en este tiempo frío de recogimiento y soledades, que echen un vistazo, repasen el “Episcopologio Civitatense”. Precisamente, en la presentación, en sus primeras páginas, una cita de don Atilano, actual obispo de Sigüenza-Guadalajara, dice en un párrafo refiriéndose a esta diócesis: “la semilla sembrada en esta tierra ha arraigado y ha dado frutos abundantes”.

Carlos García Medina

Centro de Estudios Mirobrigenses