Soldadito de plomo

En el día de su cumpleaños, Berty recibe una caja con veinticinco soldaditos de plomo. Uno de ellos, Friedrich Larsen, guardia húsar del primer batallón de infantería danesa,  tiene solamente una pierna. El pequeño al verlo diferente, lo arrincona en el sofá. El recluta se queda  muy triste al verse abandonado. De pronto, levanta la vista y ve que a su lado se encuentra una bellísima bailarina, vestida con el traje de tul banco, una cinta de seda, en color azul cielo, recoge su rubia melena peinada en tirabuzones  que se posa sobre sus hombros, una banda de honor  adornada con una lentejuela cruza el pecho.  Elizza, como Berty, se sostienen sobre una pierna, el soldadito se enamora perdidamente de la bella jovencita.  A medianoche, un duende, oculto en una caja de música, increpa furioso al soldadito prohibiéndole que mire a la bailarina. El soldado finge no oír  las  amenazas, al día siguiente se precipita por la ventana dando con su cuerpo de hojalata en la acera.

Tirado en la calle, había llovido muchísimo esa noche, dos niños de camino a la escuela, lo encuentran,  sin dudarlo, retiran una hoja del cuaderno de dibujo hacen  un barquito de papel, enviándolo sin rumbo a  navegar por la empinada calle.  La corriente arrastró al soldadito hasta una alcantarilla,  a la entrada de la cloaca, la rata gris, y apestosa le exige  pagar el peaje. Despues de rebuscar en sus bolsillos de de latón, encuentra la moneda que exige la rácana. El capitán del barquito se encuentra exhausto, al dejar la cloaca. Pero navegar durante mucho tiempo en la oscuridad, hace que al salir a la superficie la luz le ciegue, pierde el mando del barquito y se precipita, cayendo a un canal. El papel se deshace y el soldadito naufraga. Apenas comienza a hundirse, un pez lo engulle y de nuevo el soldadito queda sumido en las tinieblas. Poco después el pez es capturado por un fornido pescador. Cuando vuelve a ver la luz, se encuentra en la casa y en el mismo sofá. Sobre la repisa de la chimenea, la bailarina: El soldadito y ella se miran sonrojándose el bello rostro de la danzarina. De repente, uno de los niños se enfada con su niñera, agarra al soldadito y lo arroja a la chimenea. Una corriente de aire, arrastró a la bailarina, y juntos se consumen lentamente en el fuego. A la mañana siguiente, al remover las cenizas, la sirvienta encuentra un pequeño corazón de plomo y una lentejuela. (Adaptado por Isaura Díaz de Figueiredo)

 

La historia tiene una parte real Los húsares  constituían una unidad de caballería ligera originada en Hungría. Sea cierta o no: la diabólica caja de música, la envidia del duende ante el amor incipiente de los jóvenes, la impotencia y desolación del soldadito tras caer al vacío, la maldad de los niños condenando al frágil soldado  al naufragio,  la angustia dentro del cetáceo. Nunca sabremos cuanto puede llegar “a doler el dolor del que consideramos diferente”.

Recordar la cancioncilla que aprendió en el ejército le dio suficiente valor para llegar a dar por terminada la aventura a la que fue condenado.

“Adelante, guerrero valiente. Adelante, o te aguarda la muerte”, resonaba en su cabeza hasta que un ángel sin alas le volvió a llevar al cuarto de juegos.

NOTA:

Lo cierto es que la idea de reescribir los cuentos  clásicos, me resulta seductora. Ojalá les haya gustado. Nunca dejen de soñar…