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Miércoles, 3 de marzo de 2021
Ciudad Rodrigo al día

Carta sentimental a su Santidad el Papa Francisco

Santiago Corchete Gonzalo escribe una carta pública al Papa Francisco reivindicando un Obispo para la Diócesis

Beatísimo Padre Espiritual de la Sta. Madre Iglesia:

Nací en la barriada de San Francisco en Ciudad Rodrigo y fui bautizado en la parroquia de San Cristóbal, en la que a los ocho años tomé mi 1º Comunión. Así mismo fui confirmado en la Sta. I. Catedral mirobrigense de Santa María por el Rvdo. Sr. Obispo don Jesús Enciso Viana. Pues bien, uno de aquellos veranos en los que  ejercía de monaguillo al ya difunto primo-hermano y padrino, sacerdote y párroco de una localidad de la comarca “El Rebollar”, respondiéndole en aquel latín obligatorio de los servicios religiosos: P.- “Introibo ad altare Dei” R.- “Ad Deum qui laetificat juventutem meam”…etc, resultó que, al estar colindantes con la Sierra de Gata cacereña en su vertiente sur, tuve el honor de arrojar sobre el señor obispo y su séquito un canastillo de pétalos de rosas, junto con otros niños y niñas también con la vestimenta de nuestra 1º Comunión, desde el arco triunfal montado y enjaezado al efecto, con motivo de la visita pastoral que monseñor Enciso Viana efectuaba a las localidades nor-occidentales sierragatinas, pertenecientes en aquel tiempo a la diócesis civitatense.

Recuerdo vivamente que, al pasar bajo dicho arco nuestro señor Obispo, las campanas parroquiales irrumpieron en el espacio con los sones de su volteo alborozador, y los cohetes festivos explosionaban en el aire sumándose al júbilo colectivo ante tan significativo acontecimiento popular y gozoso. Los gritos unánimes de ¡Viva el señor Obispo! resonaban clamorosos por todas partes. De ahí que una intensa y nerviosa corriente de alegría inundaba mi juvenil cuerpecito, y un sentimiento de incipiente fraternidad me unía con fuertes lazos de identidad y pertenencia al mismo cuerpo social-espiritual de la diócesis civitatense compartida con aquellos sierragatinos, con quienes, todos en grupo y momentos después recibimos el obsequio de una exquisita chocolatada acompañada del consiguiente roscón tradicional. Escenas todas ellas que permanecerán imborrables en mi memoria.


A tan entrañables escenas de niñez podría sumar muchas otras surgidas años después, excelentes algunas, buenas, regulares, e incluso algunas de ellas inquietantes y hasta llenas de tristeza, como la zozobra e incertidumbre en la que mirobrigenses y comarcanos nos encontramos ante el inestable e incierto devenir de la diócesis civitatense. Tantos sentimientos de identidad y pertenencia, Santidad, a nuestro modesto juicio no pueden ni debieran ser sepultados bajo el polvo del olvido de la Historia que redactamos los seres humanos con nuestras decisiones. Vivir y convivir en estado de alegría acaso sea la mayor fortaleza de los hombres y mujeres de buena voluntad evangélica y existencial.

Seguros como estamos de su clarividencia y comprensión, no dudamos del acierto que su benignidad otorgue a la perduración en el tiempo y el espacio a nuestro muy histórico obispado en propiedad y diócesis civitatense.

Con inmensa gratitud, besa los pies y manos de Su Santidad Papa Francisco.

Santiago Corchete Gonzalo.

santiagocorchete@gmail.com