Pudo ser verdad

Durante el trascurrir de la devastadora borrasca Filomena, la compañera de nuestro nieto Alberto, Elena, me regaló una bolsa de goma para agua caliente (ver foto), para paliar el frío de mis pies cuando me voy a la cama. Tenía yo el recuerdo de aquellos tiempos lejanos donde en los pueblos en que mi padre ejercía de médico y el frío de los invierno era frío y la nevadas abundaban en cantidad y calidad; las gentes del lugar aseveraban convencidas que era un remedio “mano santa” para entrar en calor y poder dormir plácidamente. Un ladrillo  o una piedra rodada, calentados en la lumbre baja de leña o paja y después protegidos con papel de periódico o trapos, también podían valer para este cometido. Ahora bien; con mucho cuidado de que no pudieran desenvolverse fácilmente, pues de otra forma podían producir dolorosas quemaduras. Puedo confirmarlo personalmente, pues “guardo” de recuerdo imborrable una de ellas en mi cuerpo desde entonces cuando me causaron dicho estropicio.

La familia, con sentido del humor cuando me entregaron la ansiada bolsa de goma para agua caliente; me recordaron un sucedido que yo le había contado en su momento, que les ocurrió a dos buenos amigos, después de un encuentro que tuvieron en un día de fuerte frío y ventisca de nieve…

- Buenos días Ramón.

- No tan buenos Genaro. Ya ves que “viruji” hace, esto no hay quien lo aguante tal como está el panorama. Pues los dos somos mayores y andamos escasos de defensas, esto se nos hace insoportable a pesar de la calefacción y los aires acondicionados que hay en la actualidad. Yo, por mi parte, continuo manteniendo acérrimo que: “Para mitigar el frio de la entrada inicial a la cama donde vas a dormir; es llevarte contigo una bolsa de goma llena de agua caliente “. Y tú ¿Cómo te las arreglas?

- Pues hombre. Sin desdeñar lo de la bolsa de agua, yo tengo un gatito que  es muy dócil y me lo llevo a la cama hasta que entro en calor.

- Pues nosotros también tenemos un gato ‘Pitufo’, así que haré la prueba y  te diré el resultado.

- Pasaron unos días y la borrasca Filomena se fue alejando, no sin dejar un rastro doloroso en el camino. Con momentos crudos que no vienen nada bien y menos a los mayores en su salud, que anda uno baldado, tirando mucho moquillo, tosiendo y con la garganta como encogida. Además de el temor a que sean los síntomas del dichoso –virus- que nos asola y nos traiga trágicos presagios ¡un sin vivir!

- Ya lo dice el refrán que es sabio y en este caso no puede ser más verdadero: “En diciembre y enero, leña y duerme”.

- Sí señor Manuel. También puede valer: “Hasta el 40 de mayo, no te quites el sayo”.

Pero no demos más vueltas y no perdamos el tiempo, que este tema del frío, las ventiscas y borrascas da para mucho. Habíamos quedado en que la borrasca-Filomena-, se fue pasando y los amigos de nuestra historia se volvieron a encontrar en la-Plaza Mayor-salmantina (ver foto), en una mañana con nevada todavía. Ramón portaba en su cara y orejas  unas lesiones aún no curadas. Por lo que –Genaro- viéndole de esa “guisa” le preguntó interesado y muy intrigado ¡Pero hombre! ¿Qué te ha pasado? ¿Has tenido un accidente? ¿Consecuencias de la Filomena y sus resbalones?

- ¡Que co… de-Filomena! Recuerda que me dijiste muy efusivo que tenías un gatito muy dócil y que te daba calor en las noches de crudo frío. Y que no eras partidario  de una buena bolsa de goma, con agua caliente dentro como yo.

- Pues sí… ¡Y!...

- Pues no veas cómo se “puso” el mío, “Pitufo”; cuando intenté abrirle la boca para “meterle” el agua caliente. ¡Casi me deja tuerto!

- Acepto la nota de humor de la familia. Pero sigo pensando y soy acérrimo en ello; que esto del invento de la bolsa de goma llena de agua caliente cuando te vas a la “piltra”… ¡es increíble de bueno! Y ya pueden venir ¡borrascas, por muy –FILOMENAS-, qué sean!

- Pues además de útil es curativo. Ya  que el frío, sobre todo en los mayores, es un peligro. Ya que las bajas temperaturas tienen repercusión directa sobre la salud, las enfermedades respiratorias se acentúan en los días y… ¡qué os voy a contar de las noches! tan largas del invierno.

Sé, que alguien que me esté leyendo; se pueda carcajear de estas apreciaciones mías. Yo puedo replicarles diciendo: Sí… si, pero… ¡Ande yo caliente, que se ría la gente!