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Lunes, 1 de marzo de 2021
Béjar al día

La familia Reig, cirujanos de la máquina del tiempo

Una importante colección de relojes, propiedad del bejarano José Ángel Reig, podría pasar a engrosar el rico patrimonio museístico de la ciudad de Béjar

José Ángel Reig

La familia Reig, ha sido una de las familias de relojeros ubicados en Béjar que han marcado el pulso de la vida de los bejaranos, ofreciéndoles sus relojes y recuperando viejas glorias de la historia de la relojería, restaurando sus desgastes e incluso fabricando diminutas piezas para darles una segunda oportunidad.

La caja del reloj de Gil Laso representa tallada la evolución del ser humano desde la prehistoria hasta nuestros días

El padre de José Ángel tuvo su taller y tienda de relojería en la calle Sánchez Ocaña de Béjar, como buen artesano del gremio de relojeros. No se especializó en ninguna marca en concreto pero restauró y puso en marcha todo tipo de relojes y cronómetros. Dejó su conocimiento y legado a sus hijos y fue precisamente José Ángel el que continuó el negocio familiar y se inició en el coleccionismo con los relojes de bolsillo y de otras tipologías, que a fecha de hoy es, tal vez, una de las más importantes de propiedad privada que existe en la provincia y puede que de toda Castilla y León.

José Ángel Reig hijo, se formó en Béjar como tantos otros niños en las Escuelas de Dª Irene y Dª Repa para pasar después a la Academia Losada desde el año 1954 hasta 1957. Alternó las materias de mecanografía  y taquigrafía impartidas por el profesor Juan José Fernández-Espina, y francés, por Francisco Álvarez-Monteserín, en régimen nocturno y en lo que se denominaba ‘Perfeccionamiento Industrial Textil’ en la Escuela de Maestría Industrial de Béjar, con el trabajo de aprendiz de relojero en el taller de su padre. Ya en el curso 60/61 se matriculó en Oficialía y Maestría Industrial en la especialidad de Mecánico Fresador, y terminados estos estudios, en Peritaje Industrial con resultados académicos sobresalientes. A mediados de  los años setenta se formó también en Madrid en la Escuela de Relojería durante varios cursos, viajando a Suiza como complemento a su formación en España. También estudió óptica en Madrid en el instituto público de investigación perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Por los años setenta, aprovechando las ruedas de un reloj de pared y fabricando diminutas piezas a base de segueta, lima y torno, fue capaz de construir un reloj esqueleto. Esta pasión  le llevó a ir reparando relojes y poniéndolos, en su mayoría, en marcha, tarea que ha llevado a cabo durante su actual jubilación.

Una clientela muy peculiar suya fueron siempre los anticuarios, no dejaba de atenderlos y restauraba en múltiples ocasiones los relojes antiguos que le ofrecían, teniendo que fabricar con sus propias manos y herramientas pequeñísimas piezas para ponerlos en funcionamiento. Siempre les decía: “No cumple la misión del reloj de indicarnos la hora, pues aunque sea muy antiguo y valioso está parado”.

Aunque manejó infinidad de relojes, siempre tuvo preferencia por dos de ellos, que aún se conservan en buen estado y funcionando: un reloj de caja alta con autómatas, que siempre denominó ‘de los Muñecos’, y otro de sobremesa o chimenea, cuya caja fue tallada por su gran amigo y artista bejarano Gil Laso Fraile.

El reloj de los muñecos, un reloj de autómatas en el que las flautas interpretan las notas de las melodías

Reloj de los muñecos

Sobre el reloj ‘de los muñecos’, estaríamos hablando de un reloj de autómatas alemán denominado Flötenuhr de flautas o de órgano, con movimiento y sonido accionado por un mecanismo musical al dar las horas. También llamado de ‘Selva Negra’ por ser en esta zona de Alemania donde se encontraba el mayor fabricante de esta tipología (Winterhalder Uhrenfabrik , más tarde Winterhalder & Hofmeier ), considerado como uno de los mejores fabricantes victorianos de la época. El mecanismo posee fuelles que introducen el aire en un pequeño depósito, en el cual la apertura de unas válvulas y con una secuencia determinada, provocan el sonido en las flautas. Este mecanismo musical es básicamente un órgano con un cilindro que es el que acciona las válvulas para que suenen en las flautas las notas de las melodías. Este único y complejo artilugio incorpora artes y oficios como la música, pintura, carpintería, mecánica, marquetería, ebanistas, broncistas, ceramistas, escultores, matemáticos, neumática, etc. En este modelo de reloj aparece también un escenario con unos flautistas danzarines, policromados,  que giran sobre sí mismos y en círculo cuando suena la música. Las flautas son de madera  y los números de la esfera, estucada y pintada, del dial van en números romanos. Aparece una pintura cuya escena es la caza del cocodrilo, con fondo de río, palmera y pirámides que nos trasladan a los ambientes del Antiguo Egipto, con la leyenda, der unglückliche Krocentilfänger (El desafortunado cazador de cocodrilos). La caja del reloj es de caoba.

A Ignatz Bruder (1780-1845) y Andreas Ruth (1817-1888) se los considera como grandes maestros de este tipo de autómatas. Músicos como Mozart y Beethoven escribirían música para relojes de órgano y autómatas. José  Ángel Reig comenta que cuando se animó a su reparación y restauración, cuestión que le llevó cerca de un año, resultó muy problemática por la mecánica y por la complejidad de elementos que había en su interior.


El reloj de Gil Laso, una gran fiesta profana

 Reloj de Gil Laso

En cuanto al reloj cuya caja talló Gil Laso, fechado el 8 de diciembre de 1955, presenta una mecánica sencilla, en torno a la cual se fabricó la caja realizada en madera de nogal y en cuyo frente está la esfera profusamente tallada así como las agujas, con gran delicadeza. Nos presenta  una gran fiesta profana, en pleno delirio, grutescos, juego de querubines que, a modo de guirnalda, juegan y se mezclan con amazonas y caballos, sátiros, leones y otros pequeños animales tallados al milímetro y mezclados con campanas, cuernos de la abundancia, con frutos en su interior, y el símbolo del poder de la rapaz sobre la serpiente. A modo de peana, la base de la caja presenta una decoración floral con rostros de carnero en sus cuatro esquinas.

Caja del reloj de Gil Laso

En su perfil, se representa tallada la evolución del ser humano desde la prehistoria hasta nuestros días, con figuras prehistóricas, con escenas de familia escuchando la radio (como curiosidad hay que pensar que la televisión no pudo estar en la mente del artista pues recordemos que el primer programa que se emitió por televisión fue la salida de la misa desde El Pilar en Zaragoza en 1956 y la caja fue tallada antes de 1955) y hasta de ocio en la sala  de un teatro, todo ello coronado, y en la parte más alta, un reloj de arena, simbolizando el paso del tiempo.

Una amplia colección de relojes de bolsillo, sobremesa y de antesala

En la colección de relojes de bolsillo destacan piezas suizas, francesas, alemanas, italianas, portuguesas y españolas, de gran importancia y que se pueden subclasificar en relojes de señora y caballero, y asociadas a ellas otras subdivisiones relacionadas con profesiones (militares, aviación, enfermería...).

Pero también la colección contiene una gran muestra de relojes de sobremesa o chimenea, fabricados con metal en su maquinaria y bronce, mármoles o maderas para las cajas profusamente decoradas, algunas, con tallas y policromía.

Otra parte de la colección la componen los denominados relojes de pie o antesala generalmente fabricados en madera policromada y en otros casos ornamentados con filigranas o motivos en bronce, bronce dorado o plateado.

Para los asiduos a museos y centros de arte, teniendo en cuenta la escasez de museos con peso específico relacionados con el reloj y su historia, les habrá venido a la mente la posibilidad de que la colección de José Ángel Reig Blasco, así como todo tu atelier, mesa de relojero, herramientas , limas torno, etc. en su día pueda pasar a formar parte de alguna de las salas de los museos de Béjar, enriqueciendo el patrimonio cultural de la ciudad y recreando en ellas el concepto tiempo captado en las distintas tecnologías y cuantificado en los distintos soportes, fruto de la evolución, conocimiento  e imaginación del ser humano.

Desde estas líneas, invito José Ángel Reig a que madure esta idea, permita que la tradición de esta familia de relojeros perviva en el tiempo, sirva para que no caiga en el olvido y además para que las nuevas generaciones, tan obsesionadas a veces con actividades profesionales de poca enjundia y peor futuro, vean en esta profesión y su aprendizaje, además de un arte intemporal un futuro ilusionante y prometedor.

Agradecimientos

Mis mayores agradecimientos a José Ángel Reig, quien ha tenido la delicadeza de abrirme las puertas de su casa y relatarme gran parte de las vivencias profesionales y a veces personales de su familia, centradas fundamentalmente en su padre y en su propia vida, permitiendo imbuirme y aprender algo más del  mundo del control del tiempo materializado en un objeto de cierta complejidad como es el reloj.

Mi reconocimiento y agradecimiento  también a tres mujeres, autoridades en estos instantes sobre el conocimiento de las mejores colecciones de relojes que tenemos en España, May Ruiz Troncoso, Miriam Morales Lara y Amelia Aranda Huete,  por las conversaciones y la información derivadas de ellas que han permitido que este relato biográfico se haya podido enriquecer con sus conocimientos y por  sus ánimos para trabajar y conseguir que esta colección forme parte, en un futuro, de las importantes colecciones nacionales de relojes en espacios museísticos de España. Gracias.

Manuel Álvarez-Monteserín Izquierdo
Miembro Numerario del Centro de Estudios Bejaranos

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